SARS-Cov-2: ¿Ojos vendados frente al riesgo?

Pensar en la Covid-19 como un problema del otro, es -cuando menos- un acto de peligrosa ignorancia; sin embargo, el aumento de contagios en las últimas semanas es una clara señal del incumplimiento de medidas preventivas básicas en buena parte de los habitantes de Santiago de Cuba.

Más allá de las inferencias que podamos hacer sobre el descuido y la irresponsabilidad de muchos frente al rebrote, la baja percepción de riesgo aflora entre los resultados de evaluaciones realizadas por un equipo de científicos que monitorea el comportamiento de la epidemia de Covid-19 en esta suroriental provincia.

Al respecto, el Dr.C. Yorkys Santana González, psicólogo y especialista en Desarrollo comunitario, explicó que la aplicación de entrevistas y encuestas a personas que padecieron la afección o que tuvieron contacto con casos confirmados, mostró que algunos no aprecian la magnitud real del riesgo de enfermar; y esto ocurre, incluso, en quienes se encuentran en los centros de aislamiento.

“A veces preguntamos a las personas aisladas y a los trabajadores de estos centros si creen que pueden contagiarse en la institución, y responden que no. ¿Cómo es posible que estando en un lugar de alto riesgo (porque allí están personas que se expusieron al virus mediante el contacto con casos confirmados) no consideren que no sea probable el contagio?

“En ocasiones las personas no saben cómo se infectaron ni por qué están en el centro de aislamiento. La mayoría no tuvo precaución para evitar el contagio”, ejemplificó.

Un elemento que llama la atención de los especialistas es que las personas no consideran como conductas peligrosas el contacto con viajeros (nacionales e internacionales) durante el período de cuarentena (obligatorio hasta que se descarte la infección por SARS-Cov-2).

“Muchos de los encuestados identifican como condicionantes del contagio no usar el nasobuco; no lavar y desinfectar frecuentemente las manos, estar en aglomeraciones… pero no mencionan el contacto con personas que provienen de territorios (dentro o fuera del país) con una alta incidencia de la enfermedad”, apuntó el profesor universitario.

El hecho es que se subestima el papel de las relaciones sociales en la transmisión del virus. Todavía mucha gente actúa según las costumbres, con manifestaciones afectivas propias de la idiosincrasia del cubano (besos, abrazos, cercanía física); y transgreden normas de seguridad a las que obliga la situación epidemiológica actual.

El equipo de científicos -que asesora al Consejo de Defensa Provincial para la toma de decisiones en el enfrentamiento a la pandemia- investiga, además, temas como la movilidad y el aislamiento social y la caracterización del personal sanitario que trabaja en zona roja. En próximas publicaciones abordaremos algunos de los resultados de estas evaluaciones.

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