Se verán horrores

Santiago de Cuba, 20 de ene. – Cuando me dispongo a cruzar la calle, la señora nueva en el barrio y en el aprendizaje de lo que ella denomina los asuntos del Señor – vaso en ristre- me intercepta. Mueve alevosamente los senos mal escondidos tras la bata trasparente. Me informa casi a gritos: “Se verán horrores, caerán railes de punta. Los pecadores que no se arrepientan sabrán de la ira del Señor. Caerán rayos y centellas, ojalá le caiga uno en la cabeza al Maldito para que se vaya al infierno con su bloqueo. Se inundarán las calles de lágrimas, las plagas acabaran con la siembra y subirá el precio de la vianda y de la carne”. Eso no, loca, dice Yuyo quien vino a rescatarme de la ira de dios.

“Y tú, loca, ponte una ropa decente para comer en mi casa”. La mujer obedece, se retira con un contoneo de unos 50 años de experiencia. Yuyo me conmina a que lo acompañe, vamos para su casa, en el breve camino me comenta airado: el equipo de pelota de Santiago, el de tantos, después de tantonadar, vino amorir en la orilla. Le digo que hicieron lo que pudieron y se hace el sordo, entramos por el pasillo hasta la cocina de su casa: sobre una mesa improvisada hay un suceso impresionante: el cerdo asado de cabo a rabo conserva la boca abierta como si intentarasonreír. Se verán horrores, digo.

Una semana después mi amigo Juan Carlos vino a saludarme. Me reprochó mi ausencia la noche el 31: “Te esperamos hasta las 12”, dice y nos damos un abrazo. Traigo de la cocina una botella de ron Santiago, del que venden en divisas. Está por la mitad. Nadie puede explicar cómo sobrevivió ante el entusiasmo de algunos de mis vecinos que hicieron el resumen en mi casa. Es un ron tan raro que no se sabe bien para que sirve, si para untarlo como perfume o para ingerirlo y acariciar el estómago. Quizás por eso sobrevino a la cumbancha donde festejamos el fallecimiento del 2019.

Juan Carlos es un todo terreno. Fue profesor de Matemáticas y como no le dio la cuenta probó en economía, pues era técnico y tenía experiencia y la cuenta le dio menos; entonces decidió trabajar por cuenta propia y se dedica a arreglar o al menos a intentar arreglar cualquier tipo de equipo electrodoméstico descarriado. Es demasiado intranquilo para permanecer en algo y demasiado atrevido en sus decires para asimilar el trabajo en colectivo. Pero está muy atento a su realidad. Es habitualmente parco, pero cuando decide hablar hay que oírlo, porque, para colmo, hace preguntas de control.

Lleva años haciendo cálculos sobre el producto Interno bruto; le sugiero calcular el bruto producto interno. No me hace el menor caso. Ahora la emprende con el nuevo modelo económico social que, según su criterio, debía haberse implementado antes porque es coherente y necesario. Tiene sus obstáculos: el primero, claro, el bloqueo, si alguien lo duda tiene que volver a la escuela; pero están los malos hábitos, la costumbre de trabajar lo menos posible, el gusto por la inercia, la tendencia aesperar orientaciones para decidir, en fin, la falta de la cultura empresarial y para acabar de enredar las cosas están los que se pasan la vida con la mano extendida a ver qué le oferta el Estado tutor.

Le respondo que la falta de una cultura empresarial sólida e incluso de una cultura empresarial sin adjetivos, es asunto extendido, pero superable: hay organizaciones que lo han conseguido y le menciono al hotel Nacional de Cuba y si no quiere ir tan lejos al hotel Santiago y si prefiere el pasado al restaurante Palmares El Cayo y si lo que le interesa es el presente santiaguero ahíestá Flora y Fauna, y hay otros muchos ejemplos. Pero Juan Carlosno aprecia las explicaciones fáciles y me interrumpe.

Platicamos hasta que el estómago protesta y aconseja realizar el último brindis por esta vez: las provisiones, fuertemente afectadas por el fin de año, están en crisis y se prevé una recuperación lenta. Aun así me habla de sus dudas sobre el cinturón productivo de la ciudad, le digo que tuve la oportunidad de recorrerlo y es una buena idea. Desconfía de la autonomía de los órganos locales. Estáclaro que la medida es correcta y necesaria, afirma, pero tiene dudas de la capacidad de los jefes para aprovecharla, acostumbrados como están a que otros piensen por ellos.

Se verán horrores, pronostica mi vecina, la de la bata transparente y los contoneos ; se verán errores , añade mi amigo Jun Carlos con su lógica implacable y queda en silencio, hasta que prosigue y me señala para la libreta de notas   que forma parte de su cuerpo: aquí están las cuentas. Antes que se retire le digo todo lo delicadamente que puedo: se verán gentes que pasan por encima de los horrores y de los errores; y se lo advierto:prepárate, severán cosas, solo que tendremos que estar vivos para comprobarlo.

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