Semblanza de Celia Sánchez.

Foto de Internet

Santiago de Cuba, 17 de ene.- Lilian, Carmen, Caridad, Ali o Norma, son nombres de féminas. Sustantivos que a menudo pronunciamos y que quizás coinciden con el de nuestras madres, hermanas o amigas, sin embargo, el hecho de que una sola mujer respondiera a todos esos seudónimos ha de resultarnos enigmático, pero las incógnitas se revelan cuando aludimos a Celia Sánchez Manduley.

Nadie imaginó que la pequeña inquieta que corría por los campos de Media Luna, la misma que se aferraba al maletín del Doctor Sánchez y le exigía que la dejara acompañarlo en sus visitas a los pacientes del lugar, sería una irreverente de los dogmas que desfavorecían a la mujer y se convertiría luego en la Heroína de la Sierra y el Llano.

En enero, referirnos a Celia, es más que mencionarla durante su trabajo al lado de Frank País en la clandestinidad o incluirla como participe en la Batalla de Uvero. Es más que saberla junto a los barbudos en la Sierra Maestra. Celia, es mucho más que la figura en un libro de historia, que el tiempo y la contemporaneidad hacen lucir a años luz de distancia.

La Celia Sánchez de quien les hablo asumió todas estas actividades sintiendo el humano temor por la suerte propia y de los suyos, cargando como el resto de los guerrilleros el peso del fusil y la mochila, los días de sed y hambre por los abruptos caminos que condujeron a la victoria del 1 de enero de 1959.

Me refiero a esa Celia que sin ostentoso maquillaje destacaba por su femineidad y delicadeza. Evoco a la mujer de alma comprensiva, tal y como la describen nuestras abuelas quienes recibieron de ella atentas respuestas a sus solicitudes.

Por esta razón, es común que en muchas familias se tenga a alguien que gracias a su honradez y justeza, goce de una vivienda digna, pensión o la enmienda de algún mal procedimiento laboral o judicial. Cuando miro a mi madre, a mis compañeras de trabajo, a la santiaguera, a la cubana, percibo cuánto heredamos de su ejemplo: La fuerza, el espíritu de sacrificio y la determinación.

Cualidades que identifican también a la recepcionista Lilian, a mi vecina Carmen, a la profesora Caridad, la doctora Ali o la peluquera Norma, todas, Celias de hoy, quienes en cada empeño inmortalizan su legado todos los días.

Por: Laritza Moya Rodríguez.

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