Sempiterna pelea por la felicidad de los cubanos

Cuba persiste en su sempiterna pelea por el bienestar y la felicidad del pueblo como lo hace desde el triunfo mismo de la gesta libertaria, ante las pretensiones imperiales de socavar sus cimientos y destruir la Revolución mediante el recrudecimiento del genocida bloqueo y acciones desestabilizadoras internas, organizadas y financiadas desde los Estados Unidos.

Cada día de los más de 60 años de poder revolucionario han sido de duro bregar y combate sin tregua por salvaguardar la obra conquistada y la tranquilidad y prosperidad del pueblo, pero nunca se ha perdido la fe ni la esperanza de labrar un mejor futuro, con todos y para el bien de todos, como lo quería José Martí, a pesar de complejas coyunturas.

Se cuentan por miles los ejemplos de batallas en el terreno educacional, sanitario, militar, económico, o en el campo de la ciencia como se ha puesto de manifiesto con la creación de vacunas para enfrentar la pandemia por el nuevo coronavirus, un hito en la historia del país, una proeza de los científicos por la vida.

Ahí está Girón, cuando una concepción de unidad de milicianos y pueblo para salvar la Patria se puso de relieve ante la invasión, y con la sangre generosa de los mejores hijos, la bravura de Cuba y la conducción experta de Fidel se evitó que las botas mercenarias se adueñaran de nuestro suelo y se tronchara su felicidad.

Más cerca en el tiempo, durante el llamado periodo especial no se hizo más que pelear con energía, coraje y talento para salir adelante al colapsar el campo socialista, cuando el mundo pensó que el ejemplo de la tierra de Martí y tantos célebres próceres de la independencia también sucumbiría a los designios imperiales.

Pero un pueblo dispuesto a no perder paz, tranquilidad, bienestar, alegría y prosperidad se irguió, multiplicó su ingenio y laboriosidad, acuñó proezas de toda índole y la Revolución se hizo más fuerte, más sólida e invencible.

Con la Generación histórica de la Revolución y sus continuadores Cuba acumula experiencia en desafiar peligros, buscar alternativas, seguir creando e, incluso, desarrollarse en condiciones de retos, porque ha contado con las manos y el corazón de los que aman y construyen.

El pueblo ha sido guerrero, artífice de esa lucha por la felicidad; sin su altruismo, sentido de unidad y espíritu de resistencia y solidaridad no se habría podido llegar hasta aquí y hasta hoy con la cabeza erguida, los principios incólumes y la convicción de vencer siempre como le enseñó Fidel.

Trabajar y pelear por la felicidad del pueblo no es una consigna, sino el único sendero de sus continuadores para que la digna obra construida se salvaguarde altiva como las palmas de los campos de Cuba.

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