Si usted viaja al extranjero

Santiago de Cuba, 23 de nov.- Usted tuvo que viajar a España hace casi 20 años. Despabila la memoria. Organiza los recuerdos. Había que trabajar duro y ser eficientes. Cuando le pagaron el primer salariocontó el dinero y lo volvió a contar, por si acaso. Fueron al supermercado –el templo dl capitalismo, como dice Ignacio Ramonet- había muchos productos de apariencia diferente pero destinados al mismo uso. Compraron con mesura, sobre todo bebidas y alimentos.

Están en la Costa del Sol. El servicio es muy rápido: hay que complacer millones de clientes; casi todos tienen prisa; allí la cultura de la calma no funciona. Después de aprobar la primera asignatura del programa de adiestramiento, fregar, se estrena con una bandeja y , superado el miedo al desastre, aprende a correr con ella, o aprende o sobra, es lo pactado. Usted como jefe tiene que dar el ejemplo a los dos cocineros y al par de dependientes que se entrenan en el mismo restauranteMelià. Solo que ellos son profesionales y usted de servicio sabe mucha teoría, solo eso.

Al principio se estresa, tiene que desarticular cualquier conato de burla. Pero no, los muchachos se portan correctamente; además durante el servicio están tan concentrados en lo suyo que se olvidan de usted. Los primeros días se quejan con frecuencia del tamaño de las exigencias, de la mordacidad de los españoles, de estoy de lo otro. Pronto se cansan o se adaptan: son inteligentes, saben que la queja por muy antigua y lógica que sea allí resuelve poco: no es rentable.

Los mejores días son los sábados. Al finalizar el trabajo entregan la propina. No dan mucho, pero dan. Nadie pregunta por la cuantía. Sabenque reciben una cantidad inferior: son cubanos. Ahorran. Descansan los lunes y en vez de ir al supermercado van al baratillo: no le prestan mucha atención a los comerciales. Se acostumbran a sacar cuentas. No pueden regresar sin traer algunos objetos para familiares y amigos.

Todos, oculto o declarado, tienen un listadito donde se enumeran las necesidades, los productos que deben traer. Si son de marca mejor, de lo contrario, no hay problemas. Lo que queda fuera de cualquier presunción es que regrese con las manos vacías; hacerlo sería una falta de respeto. Por eso usted, aunque no le agrada, ahorra; aunque no está acostumbrado, cuenta, calcula. No siempre se puede cumplir con los mandamientos del listado, pero se intenta.

Cuando después de medio año anuncian el retorno usted se alegra y se inquieta. Tiene la premonición de que hay dos posibles bajas. Pero lo piensa mejor y descarta la sospecha: son los dos que más cosas han comprado. Una madrugada salen de Marbella: los muchachos cantan. Pasan por Benalmádena o Torremolinos, no recuerda con exactitud, recogen cinco compañeros, prosiguen, llegan a la otra ciudad: solo hay tres. La jefa del grupo no explica, llora. Continúan: Madrid, La Habana, la alegría. Cada cual sale para su casa, salvo usted: tiene que quedarse para explicar la deserción: pero, al final no pasa nada, salvo el susto.

¿Por qué esta remembranza agridulce ahora? Usted no recuerda por nostalgia, ni por amor al pasado sino al presente. Como cualquier cubano sabe de las nuevas medidas anunciadas y explicadaspúblicamente. Lesparecen positivas :amplían la capacidad de compra del cubano, dinamizan la ventas de productos electrodomésticos, piezas para automóviles y otras mercancías que la gente adquieren cuando viajan al exterior, sin descontar a los vivos que nunca faltan y convierten la necesidad en negocio.

Ha escuchado muchas opiniones, algunas contradictorias y usted se siente con derecho aemitir la suya. Desde su experiencia es preferible adquirir mercancías aquí sin tener que viajar. Además, en el contexto actual y en otro cualquiera la medida garantiza que la tan necesaria divisa se quede en el país. Y si bien admite que no todostendrán las mismas posibilidades, la medida no perjudica nadie y, lo fundamental, favorece el desarrollo de la economía y lo que es bueno para la economía es buenopara todos.

Deja una respuesta