Sin cultura no hay nación

Santiago de Cuba, 11 de oct. – Es célebre y muy oportuna la frase pronunciada por el Comandante en Jefe Fidel Castro, en el VI Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, de que “lo primero que hay que salvar es la cultura”, no solo por el patrimonio valioso que atesora, sino como escudo y sostén de la nación.

Con plena vigencia, sus palabras constituyen respuesta anticipada y rotunda a las pretensiones injerencistas de la administración estadounidense que jamás se ha resignado a no tener a Cuba entre sus manos, aspiración  que se estrella una y otra vez ante la posición valiente y digna de un pueblo que nunca se ha puesto ni se pondrá de rodillas.

De esencia raigalmente patriótica, la cultura  cubana, a la cual se le rinde honores y festeja su día este 20 de Octubre, tiene su simiente, se afianza  y fortalece  en las ricas tradiciones históricas de la Patria desde 1868 hasta hoy.

Pródiga, diversa, sublime es la cultura de nuestra isla, reconocida en el mundo entero, con figuras emblemáticas que la han hecho trascender, además de géneros y manifestaciones nacidos al calor de la búsqueda y la autenticidad.

Pero no se circunscribe únicamente a esos valores, hay que entenderla en su vastedad, como el conjunto de acontecimientos y resultados que definen una nación desde el punto de vista político, social y económico, y por su espíritu libre y creador.

Por ejemplo, una plaza dinámica en la cultura como Santiago de Cuba se destaca por la fuerza de su son y de trovadores como Miguel Matamoros; escritores de la talla de José Soler Puig, ganador de un premio Casa de las Américas; y otras muchas voces poderosas en la música y la poesía, o manos hechiceras de la plástica.

También la cultura cubana se distingue por su gran hondura popular, esa que es carne de sus pobladores; no es circunstancial ni de espectáculo, sino la que moldea el obrero en su torno, aporta la maestra con buenas clases, la científica que descubre nuevos medicamentos y el campesino que hace fértil la tierra.

Es una síntesis que define y salva: a los seres humanos, a un pueblo, a una época; es, al decir del destacado intelectual santiaguero, ya fallecido, Joel James: “Espacio natural  y duradero, donde se asienta la independencia de un pueblo”.

Como trigo que fecunda y canto por entonar no solo cada 20 de Octubre, la cultura es tributo perenne al patriota Perucho Figueredo, quien, además del machete en la manigua redentora, alzó un himno de amor y combate por la libertad que retumba hasta hoy para que se escuche hasta en el mismo imperio.

Para glorias del sector como los santiagueros Fátima Patterson, Premio Nacional de Teatro 2017, y Enrique Bonne, Premio Nacional de Música 2016, la cultura es un valioso patrimonio que nos regaló la vida y únicamente merece enaltecimiento, salvaguarda y honra.

Arelis Yudith Ochoa Chaveco, educadora de círculos infantiles,  quien no cultiva ninguna expresión artística, pero tiene un don especial para disfrutarla, refiere que sin esos instantes para alimentar la espiritualidad y ennoblecer el alma, la existencia no tendría un sentido.

Realmente sin cultura no hay nación y es tan importante para un pueblo que, ante circunstancias difíciles como tiene hoy Cuba, los escenarios para la presentación de espectáculos cambian de teatro para parques y calles, porque nada ni nadie puede impedir que crezca la espiritualidad y la esperanza de los hijos de esta tierra.

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