Sin el trabajo y la eficiencia, no hay milagros

A las puertas de su aniversario 62, la Revolución cubana ha enseñado en su duro bregar que todo es posible, incluso las proezas y hazañas laborales ante situaciones adversas de recursos materiales y financieros, pero para esto debe empezarse por el trabajo, sin el cual no hay milagros y sí resultados.

El reto cotidiano es enaltecerlo con las manos,el sudor de la frente y la inteligencia de cada cual y ser eficiente desde el puesto más sencillo hasta el más comprometido, porque en términos de economía solo la eficiencia conduce al camino más idóneo para avanzar y afianzar el socialismo, amén del férreo y genocida bloqueo, recrudecido en los últimos tiempos.

La importancia del trabajo en una nación como Cuba, donde se construye y perfecciona el socialismo en aras de prosperar en el terreno socioeconómico y mejorar la calidad de vida del pueblo, lo refrenda laimplementación de la Tarea Ordenamiento,a partir del primero de enero venidero, un proceso complejo y de trascendencia decisiva para la consecución de la estrategia de desarrollo que el país se ha propuesto en las circunstancias actuales.

Es necesario reiterar que la Tarea Ordenamiento incluye, además de la unificación monetaria y cambiaria, una reforma salarial y de pensiones, una reforma de precios y la supresión parcial de subsidios indebidos, con ayuda a quienes queden en condición de vulnerabilidad por las medidas que se adopten, indicativo de que nadie quedará desempleado.

Pero este proceso también encierrauna fuerte convocatoria a los miles de hombres y mujeres en edad laboral que no están empleados para que se incorporen y dediquen a faenas útiles, ya que la nación requiere de todos los brazos para seguir adelante y promueve que el trabajo sea la principal fuente de riqueza de cada cual.

Estos cambios vienen a organizar la distribución de las riquezas que se generan en Cuba, que en mayor medida hoy provienen de las empresas estatales, y quienes más contribuyen a ese logro deben ser los que mayor participación tengan en su distribución, han subrayadoespecialistas en estos asuntos.

La nueva Carta Magna insiste en que el trabajo es un valor primordial en nuestra sociedad, constituye un deber, un derecho y un honor. Además, es la fuente principal de ingresos y de vida del pueblo, y se remunera en función de la cantidad, complejidad, calidad y resultados, reflejo del principio “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”.

Existe una sabia y añeja frase, paradójicamente actual e ineludible, propia del lenguaje de nuestros padres y abuelos de que la mejor herencia que puede legarse a los hijos es el trabajo, expresión revitalizada hoy en que se acentúa un concepto clave: La riqueza en el socialismo se asienta en el trabajo.

Cuando quedó atrás aquella etapa difícil de la época prerrevolucionaria, en que pululaban los desempleados, los campesinos eran víctimas de vejámenes y se hizo tan necesaria la denuncia de Fidel en La Historia me absolverá, tal vez algunos pensaron que había cambiado el valor del trabajo.

Sí, con los nuevos tiempos surgía un concepto diferente, pero transformado en su esencia, porque lo que ocurrió con el valor fue que aumentó de precio.

Hoy es necesario convertirlo en una virtud desde la consagración, aprovechamiento de la jornada, ahorro y eficiencia en su sentido más amplio, como brújula para hallar los caminos que precisan desbrozarse, para vencer los desafíos de esta adversa coyuntura de crisis económica global que afecta también a Cuba.

Como las situaciones difíciles no hacen más que acrecentar su valía, en los congresos del Partido Comunista de Cuba, de la Central de Trabajadores de Cuba y de sus sindicatos, se ha defendido con meridiana claridad su significado, como resultado -en primerísimo orden- del esfuerzo personal para desde la base influir en el desarrollo socioeconómico del país.

El campo de labor está ante la mira: producción de alimentos y en las industrias de ramas diversas; elevación de los rendimientos en renglones que aporten en la exportación o sustitución de importaciones, esmero porque reine la calidad en los servicios.

Para los que el trabajo es cómplice y necesidad, resulta normal obtener resultados, que hasta rayan en la proeza, muchas veces logrados en condiciones difíciles y ante iguales carencias de recursos.

El secreto está en la celeridad con que se empleen a fondo las reservas de eficiencia, que deben hallarse en los rigores del control, la austeridad, el ahorro, la calidad de la producción y los servicios, el desempeño de los cuadros, y en la dedicación de cada trabajador, interiorizando que la principal divisa que tiene Cuba es el trabajo.

Entenderlo como un ejercicio de virtud es rendir tributo a quienes esgrimen que no hay mejor riqueza que la que se obtiene con las propias manos y el sudor de la frente;la manera de ser útil, dejar huellas;la mejor herencia a nuestros hijos.

Escrito por Aida Quintero Drip

Deja una respuesta