Sinecio, sus yerbas y el legado de Bertha

Santiago de Cuba, 2 de abr. – La famosa pregonera santiaguera muy recordada por sus coterráneos, Bertha Hechavarría Heredia, dejó huellas en su tierra natal, donde vociferaba el nombre de mil yerbas para curar los males del cuerpo y el alma, como solía expresar con su sonrisa pícara y la cesta en la cabeza.

Esa mujer bonachona que transmitía alegría por los cuatro costados, resultó una celebridad de las calles en su inusual oficio ejercido la mayor parte de su vida; ahora cuenta con fieles seguidores, sobre todo expertos en eso de preparar botellas con raíces de una diversidad de plantas.

Mi mayor satisfacción es haber escuchado los consejos y aprendido mucho de Bertha, dice con frecuencia Sinesio William Diasco, un santiaguero de 78 años que lleva unos 35 de yerbero botánico, como él mismo se califica, con una práctica reconocida en combinar raíces para elaborar medicina verde.

Realmente como pregonera ella era insuperable, tenía un sabor en sus palabras que invitaba a la gente a utilizar sus mejunjes, y siempre acertaba, la buscaban una y otra vez porque sus remedios eran bálsamos que curaban los más inverosímiles malestares, señala.

Las yerbas de Sinesio también curan el cuerpo y el alma
Las yerbas de Sinesio también curan el cuerpo y el alma

Sinecio, quien va siendo uno de sus leales seguidores, siente el placer de que el oficio de Bertha perdure, pues esta mujer protagonizó el suceso más notorio con respecto a los pregones en Santiago de Cuba en estos tiempos, pero no fue el único en una ciudad con arraigo en esa autóctona expresión.

Hoy él se ufana de aliviar males combinando raíces de disímiles variedades para mejorar la salud  relacionada con migraña, reúma, úlceras, fibromas, problemas estomacales, infertilidad, impotencia y otras.

Recalca que no hace nada por improvisación, primero estudia las peculiaridades de las plantas y raíces, analiza sus propiedades, incluso, tiene precaución con las contraindicaciones, por eso ha obtenido buenos resultados.

Son muchas las personas que pueden atestiguar la valía de sus botellas preparadas, como una santiaguera de la tercera edad con padecimiento de reúma que confiesa haberse mejorado mucho y hacer caminatas que antes no podía.

Caridad Quintero Revilla, la cual fue vecina de Berta Hechavarría, en el poblado de El Caney, está contenta de que esa tradición no se pierda, mucho más ahora que la medicina verde tiene gran auge, al corroborarse su importancia para curar o por lo menos aliviar diversas dolencias.

Ya no será Bertha con su atuendo de mil colores mostrando toda la policromía del Caribe, bien en una esquina, sentada en uno de los portales o escalones de cualquier vivienda colonial o bajando y subiendo la emblemática calle Enramadas.

Para exponer que los pregoneros tienen mil maneras de expresarse, Sinesio se auxilia de una carretilla pequeña ataviada de sus botellas bien ordenadas y, sobre todo,  con su verbo presto a explicar las virtudes de sus preparados con yerbas, raíces y plantas.

Sin estampas como esta, propias de la oriental urbe, donde se empeñan en preservar su patrimonio todo lo posible, podría decirse que Santiago no es el mismo. 

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