Sobre informes y otros entuertos

Santiago de Cuba, 17 de dic.- En una investigación sobre liderazgo creímos pertinente formular algunas propuestas. No sería desatinado comenzar por abordar la relación cambio, información y dirección, decíamos. Los jefes tienden a magnificar el cambio, por su nivel de compromiso con él, por eso aprecian constantemente pruebas de la realización de las transformaciones que ellos mismos promueven.  Como norma el jefe posee un nivel de información superior al colectivo y eso lo coloca es una situación distinta.

Compartir la información es tarea de nuestros jefes, es un modo eficaz para a atraer al otro, para implicarlo, para darle participación en la toma de decisiones. Esa es nuestra primera propuesta: compartir la información. Los jefes tienden a expresar sus paradigmas y a valorar como suyos los resultados; los lideres a construir sus paradigmas como aspiración colectiva y a verificar su cumplimiento como resultado del empeño común. Nuestra propuesta incluye trabajar con mentalidad de líderes sin renunciar a ser jefes.

Se sabe,   la   tenencia de información es poder    pues    facilita el   auto conocimiento, la comprensión yposibilita lainfluencia sobre quienes no disponen de ella. En ocasiones emitimos juicios apresurados, negativos sobre   procesos, aunque en el fondo somos solidarios con el objeto cuestionado: son secuelas de la carencia de información. Lo anterior justifica que aboguemos por la elaboración de sistemas de información adecuados a los diferentes públicos,  con los generales no basta: lo dice la vida; sistemas de información y de análisis crítico diferenciados en concordancia con los segmentos de públicos objetivo; hacer en el cual los medios   deben privilegiar la credibilidad.

Como afirmamos en un trabajo anterior: La información no solo debe ser creíble, tiene que persuadir sin apelar a falsos entusiasmos para conseguir aceptaciones pueriles. Con frecuencia la credibilidad resulta minada por razonamientos poco convincentes o carentes de sustancia. A la credibilidad no le alcanza conque sostengamos una actitud vertical en su defensa, requiere dela fundamentación argumentada. La participación por contagio, huérfana de reflexión, con independencia de sus niveles de honestidad, resulta frágil ante la contingencia crítica. Estropear la credibilidad es una manera eficaz de perder   imagen; por eso a la   credibilidad   hay   que mimarla.

Laproblemática de los públicos es medular. Su comportamiento es una señal. Los fundamentos teóricos insisten en la necesidad perentoria   de estudiarlos. En nuestro caso esa tarea no puede dejarse exclusivamente en manos de sociólogos y sicólogos, implica estudios comunicativos relacionados con las acciones de interacción social destinadas a los públicos y de sus reacciones ante las mismas. Afrontarlos procesos como el desarrollo del nuevo modelo económico social cubano desde la comunicación constituye una garantía para la asimilación consciente de este y otros procesos.

La necesidad de los informes es tan obvia que no merece discusión lo que sí resulta plenamente discutible es  el abuso. En la actualidad contamos con individuos que han devenido  informáticos, no por la posesión de habilidades para la computación, sino por su capacidad    para elaborar informes; informes que tras la necesaria introducción – como norma justificativa – mezclan algunas  gotas de barniz crítico para    disfrazar  la  credibilidad , confunden los  resultados con las aspiraciones   y terminan  por ofrecer  la cara más amable de la realidad, o  por inventarle un rostro impecable , porque para este tipo de burócrata el informe es más importante que lo que se informa.

Esta capacidad invencionera al servicio de la burocracia tiene secuelas. Así, los informes tienden a ser más interesantes en la medida en que se alejan de la realidad. Este método es especialmente peligroso por sus    potencialidades persuasivas, no solo porque la ficción se auto propone como sustituto de la realidad, sino porque la invención bien aderezada suele ser más atractiva, más creíble y, en ocasiones, más persuasiva que la verdad misma. Insistimos en acudir a la comunicación, a su capacidad para convencer. Si sabemos segmentar los públicos y diseñar estrategias acordes con sus características, podremos evitar que fenómenos como el aludido se regularicen.                                          

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