“Cuando los santiagueros estuvieron más cerca del Titanic”

La historia nos coloca frente a sucesos que demuestran cómo la sensibilidad, el respeto ante el dolor ajeno, y los lazos de solidaridad nos unen en todos los tiempos. Acontecimientos poco conocidos, y otros tan famosos como el naufragio del Titanic, -entre el 14 y 15 de abril de 1912-, demuestran las múltiples formas de expresar un sentimiento común, incluso desde la distancia.

A pocos días del trágico hundimiento en las aguas del Atlántico Norte, los santiagueros rindieron tributo a las más de 1500 víctimas del suceso. La noticia había conmovido a medio mundo: el trasatlántico más grande y lujoso de su época quedaba en el fondo del mar durante su primer y único viaje, sobreviviendo 710 personas.

La noche acompañaba el escenario solemne del Parque Céspedes, donde la Banda Municipal de Música protagonizó el homenaje. Se escuchó entonces el himno religioso “Más cerca de ti, Dios mío” que, según se dice, entonaron los pasajeros del Titanic. El público asistente a la retreta el primero de mayo de 1912 permaneció de pie y en silencio mientras la banda tocaba. Quizás imaginaban la desesperación de aquella madrugada.

Desde la distancia o la cercanía geográfica, incluso sin nexos en común, es un gesto de solidaridad defender y valorar el derecho a la vida. Otro suceso casualmente vinculado con un crucero británico, lo hacía evidente hace unos días, cuando Cuba recibió a los pasajeros del MS Braemar.

La operación de desembarco y posterior traslado de los ciudadanos a bordo para regresar a su país transcurrió tras varias negativas de acceso por parte de otras naciones. Pesaba el temor al contagio por Coronavirus, enfermedad que afectaba a un pequeño número de viajeros, y que constituía un riesgo para la vida de los demás cruceristas. Ante la urgencia de la situación y con las medidas sanitarias requeridas, Cuba abrió sus brazos.

La solidaridad es para todos los tiempos, y tiene un valor añadido en momentos de crisis como el que vivimos hoy.

Desde el más sencillo gesto, hasta la más compleja entrega, muestran que es posible y necesario hacerla parte de la cotidianidad. Bien se dice “no da más el que más tiene”, así que ofrecer su tiempo, su afecto, hasta un aplauso o un momento de silencio, -como el de aquel primero de mayo recordando a las víctimas del Titanic-, dice quiénes somos y hacia dónde vamos.

Escrito por Diana Torres Cuza

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