El cántaro a la fuente

Roberto camina por la calle con el cigarrillo en la mano, su mirada busca hasta encontrar a quien, naso-buco abajo viene exhalando amplias bocanadas de humo, él también baja el suyo descubriendo los labios donde ahora se coloca el cigarrillo.

— Me dejas encender.

Adelanta dos pasos hasta quedar justo frente a Jorge que le extiende el encendido, aspira, expulsa el humo de modo intermitente, hace un ligero movimiento de cabeza.

—Gracias

Las imperceptibles gotas de saliva saltan al silbido de la palabra. Jorge se aleja.

Maritza se asoma a la puerta a donde casi al unísono viene entrando Roberto.

—Qué casualidad mi amor, no te quites nada que acaba de llegar el Yogurt del niño.
Le extiende la libreta y un bolso transparente, Roberto sin mediar palabras, gira sobre sus pasos y se encamina hacia la bodega, no hay nadie, acaba de llegar el producto, extiende la libreta a Pucho que la toma, abre una página y anota en ella, entrega la bolsa del apreciado alimento y continua su faena.

Magdalena llega justo detrás de Roberto, también extiende la libreta al tiempo que pregunta a Roberto.

—¿Cómo andan Maritza y el bebé?

— Bien, en la encerradera —. Contesta Roberto mientras se aleja.

Magdalena recoge la libreta, ahora con la bolsa del yogurt y regresa a su casa.

Jorge se sienta en un banco del parque a terminar de fumar su cigarro, coloca las manos en el frio brazo de mármol y se extasía de placer, luego se levanta y continúa su camino, mientras una pareja Lourdes y Paco ocupan el espacio que antes había ocupado Jorge.

Magdalena ha llegado a casa, pone la libreta sobre el aparador, el llanto de Ricardito el más pequeño de la familia le llega desde la cocina.

— ¿Porque llora el niño? ¿Qué le están haciendo?

—Nada mamá, que ahora quiere jugar con Tomasito y tu sabes que Toña, su mamá, no lo deja ir a ningún lugar y mucho menos a casa ajena en estos tiempos.

—Hace bien que caray, que ya se sabe que hasta los niños de contagian con esa cosa. Ven mi amor toma yogurt que todavía está frio.

Magdalena sirve un vaso al niño mientras camina al televisor porque va a comenzar la conferencia del doctor Durán.

Ya Lourdes y Paco han abandonado el banco del parque y se dirigen al cajero automático.

—Tenemos que sacar dinero para el modulo que mañana llevan a la empresa

—¿Cuanto necesitas?

—No sé, saca 100 pesos y si sobra lo dejamos en la casa para otros gastos.

Los dedos de Paco se mueven sobre el teclado cumpliendo las órdenes para la extracción. Espere. Tome su dinero. Otra operación. Gracias.

Cuatro días después.

Roberto positivo asintomático.
Jorge, positivo.
Maritza esposa de Jorge, sospechosa.
Pucho el bodeguero, positivo.
La señora Magdalena paciente positiva
El niño Ricardito positivo.
Lourdes sospechosa
Paco, positivo
Los que fueron al cajero automático después de ellos, forman parte de la cadena de transmisión que al detectarse, no tendrán fuentes confirmadas.

Es que tanto va el cántaro a la “fuente” hasta que se pierde el contacto.

Escrito por Santiago Carnago

Deja una respuesta