Fidel y su legado de unidad

“El pueblo, unido, jamás será vencido”, más que una consigna característica de Cuba en manifestaciones populares desde el triunfo de la Revolución, en 1959, constituye una filosofía de vida demostrada a través de la historia tanto por los reveces sufridos a lo largo de las guerras de independencia como por las victorias.

De tal manera, del fracaso de 1869 se aprendió la lección de que el regionalismo y el caudillismo solo sirvieron para empoderar al enemigo y mermar el poderío del Ejército Libertador hasta llegar al bochornoso Pacto del Zanjón.

Por eso en la organización de la Guerra Necesaria, José Martí funda en 1892 el Partido Revolucionario Cubano, legítimo intento de cohesionar a los veteranos luchadores y a los más jóvenes en torno a los empeños independentistas.

De él diría el Apóstol en el periódico Patria “… y a la palabra partido se amparan, para decir que se unen en esfuerzo ordenado, con disciplina franca y fin común, los cubanos que han entendido ya que, para vencer a un adversario deshecho, lo único que necesitan es unirse”.

Más cercano en el tiempo el eterno líder de la Revolución cubana Fidel Castro, autor de la unidad nacional, a decir de Eusebio Leal, en su largo quehacer mantuvo siempre la perseverancia por agrupar en la diversidad de las fuerzas los intereses comunes que pudieran engrosar las filas de defensores de la más justa de las causas.

Esa lucha imperecedera por articular de manera sólida todas las fuerzas conlleva a la reunión de Altos de Mompié, en plena Sierra Maestra el 3 de mayo de 1958, de la cual se deriva la decisión de unificar los mandos de la Sierra y del Llano bajo una misma jefatura.

Es el instante en que Fidel es nombrado Secretario General del Movimiento y Comandante en Jefe del Ejército Rebelde, decisión que tenía un claro carácter de unidad y expresaba el criterio de la guerra como un fenómeno que trascendía ya las fronteras de una sola organización.

Ejemplos abundan en la historia de Cuba como Girón, la campaña de alfabetización, la lucha contra bandidos y el enfrentamiento al criminal bloqueo y a la guerra económica contra el país, demostrativos de la valía de la fuerza impetuosa de las masas cuando unen fusiles, brazos o instrumentos de labor para salvar la patria, la revolución y el socialismo.

Esa cultura de la unidad ha creado asimismo la cultura de la solidaridad frente a circunstancias adversas ocasionadas por eventos fortuitos o catástrofes, o situaciones sanitarias complejas como la vivida hoy ante la pandemia por la Covid-19.

La certeza de que nadie queda desamparado a su suerte y la confianza en que unidos podemos salir adelante y nada podrá vencernos, es una idea sembrada por Fidel y regada con tesón por los cubanos para que sus frutos perduren.

Esa convicción nos salvaguarda hoy de agresiones y amenazas de toda índole, frente a las cuales Cuba ratifica la voluntad de su pueblo entero y ese legado de unidad heredado de Fidel, que será ratificado este abril en el Octavo Congreso del Partido Comunista de Cuba.

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