Logros de las mujeres, otra obra de Fidel

Las ideas que siempre defendió Fidel Castro en beneficio de la mujer no fueron por meras atenciones y complacencia, se sustentaban en rigurosas argumentaciones,  análisis y fuertes convicciones como fruto del papel que desempeñaron en el devenir histórico; las concibió imprescindibles, útiles, vitales, una fuerza poderosa al servicio de la nación, una revolución dentro de otra Revolución.

  Y no se equivocó el Comandante en Jefe, las cubanas han hecho gala de un compromiso y protagonismo consecuente y decisivo, sobre todo tras el triunfo del proceso emancipador que él liderara, a raíz del cual conquistaron todos sus derechos, dignidad, justicia e igualdad plenas para dedicarse con mayor entrega y contribuir más al avance del país.

 Un ejemplo que no puede soslayarse lo dieron las integrantes del pelotón Las Marianas, quienespelearon en la Sierra Maestra como un soldado más, con el respaldo de Fidel, a pesar del criterio casi unánime de compañeros de armas queno las concebían en ese rol en aquellos tiempos iniciales.

  Años antes, el joven abogado de gran visión aceptó a Haydée  Santamaríay a Melba Hernández como combatientes del asalto al Moncada, el 26 de julio de 1953, de las cuales dijo en su alegato de autodefensa La historia me absolverá: “Nunca fue puesto en un lugar tan alto el heroísmo y la dignidad de la mujer cubana”.

Desde el Moncada y la Sierra Maestra, Fidel avizoró la valía de su aporte. Además del legado de Melba y Haydée en la gesta del 26 y del pelotón que honraba a la medre de los Maceo, está el de Celia, la primera guerrillera, Lidia y Clodomira, eficaces mensajeras en la insurrección, y Vilma Espín, audaz luchadora clandestina.

  Desde entonces acá muchas mujeres han debido vivir, luchar, flaquear y vencer para que las de hoy continúen escribiendo esa difícil pero edificante historia de construirse camino propio, siempre estimuladas por el aliento y apoyo incondicional de Fidel en cada empeño, en cada tarea.

  Agradecen así al hombre que les abrió un horizonte de posibilidades y participación activa en todas las esferas de la sociedad, pues es abismal el contraste en el empleo femenino con respecto a 1959, cuando era exiguo el porcentaje de la fuerza laboral activa en el sector estatal civil, al ocuparse la mayoría como domésticas, con un nivel cultural de apenas segundo grado, el que reinaba, como promedio, entre la población de la Isla en esa época. 

  Como muestra del aprovechamiento de las oportunidades que les ha dado la Revolución y del alto nivel de equidad del cual disfrutan, ahora constituyen más del 68 por ciento de la fuerza profesional y técnica, un dato de referencia en cuanto a su calificación y protagonismo.

  Han ido más lejos aún, al incorporarse a sectores no tradicionales, manejan tractores, cortan caña, asumen  alternativas como el trabajo por cuenta propia, y se retan a sí mismas en faenas de la agricultura, donde son cooperativistas o usufructuarias.

  Y no solo son beneficiarias al tener derecho a un empleo decoroso, sino que logran otras ventajas como igual salario por trabajo igual, y empleo como base de la seguridad social, sin discriminación de ningún tipo, además de capacitación de toda índole.

   Asumen responsabilidades en diversas ramas, dirigen escuelas, policlínicos, empresas, universidades, fábricas; ya van sumando respetables porcentajes entre los directivos, aunque todavía enfrentan vestigios ancestrales que las limitan en cargos de toma de decisiones.

  En cada uno de esos logros está el influjo de su Comandante en Jefe, quien en una ocasión aseveró: “Sin la mujer, la obra ingente de la Revolución no habría sido posible”.

  Por eso ocupan un puesto en el pelotón de vanguardia en estos tiempos difíciles pero enaltecedores, y son la inspiración y la mejor herencia de la Federación de Mujeres Cubanas en su fructífero quehacer, con probada lealtad, especialmente a su creador y guía Fidel Castro y a su eterna presidenta Vilma Espín.

  Fiel discípulo del Héroe Nacional José Martí Fidel tuvo la convicción de que “Las campañas de los pueblos solo son débiles cuando en ellas no se alista el corazón de la mujer, pero cuando ella culta y virtuosa unge la obra con la miel de su cariño, la obra es invencible”.

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