Una mirada a «La Cola», un fenómeno social interesante

Existe desde que varias personas convergen en un mismo tiempo y lugar para acceder a un producto o servicio. Los cubanos podemos considerarnos especialistas en cola. Todo eso es verdad, sin embargo no se puede negar que hoy adquiere características que la hacen digna de un estudio sociológico, incluso de un artículo periodístico y decidí aventurarme en ese campo.

Como todo requiere investigación y la mía fue participativa (los sociólogos saben de qué hablo), así que aquí va el análisis de mi experiencia: en la actualidad podemos encontrar colas objetivas y subjetivas en las primeras las personas saben qué van a comprar, en la segunda, están organizados esperando «a ver si sacan algo».

También hay diversidad de subcolas o microcolas que integran «La Cola», esas son las de impedidos, donantes, embarazadas, plan jaba y ahora apareció una nueva, la de mensajería, entonces imagínese cuán complejo es que se mantenga una cola organizada, sin discusiones y mucho más difícil es que sea breve o corta, siempre es a lo largo de una pared, a lo ancho de la sombra de un almendro, como en mi tienda.

Ante tales complejidades era ineludible que apareciera un nuevo actor en la sociedad, el Organizador de colas, ahí también hay diversidad y peculiaridades que merecen estudio; unos son institucionales y otros espontáneos y hay tantos métodos como ideas de organización, por ejemplo están los que recogen libretas de abastecimiento, los que anotan el número de núcleo en una lista, los que reparten tickets e incluso los que violando la ley recogen el carné de identidad.

Y hay más resultados de esta investigación. Como es harto conocido casi todo el cubano es médico o director de pelota por cuenta propia, entonces no podían faltar los especialistas en colas, llamadas coleras y coleros, entre los que predomina el sexo femenino; a estas personas usted las identifica en cuanto llegan a la cola pues tienen características particulares en las que no voy a profundizar.

Los coleros son aquellas personas capaces de comprar tres o cuatro veces «en el cantío de un gallo» como diría mi abuelo y siguen dando el último en la misma cola, son tan «fuertes» que fueron incluidos en un plan nacional de enfrentamiento.

Las personas allí escuchan chismes… digo chistes e historias entretenidas o un round de boxeo de cualquier sexo. ¿Son las colas un fenómeno social digno de estudiar o no?

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