Tengo la bandera más linda que existe…

Si deshecha en menudos pedazos

llega a ser mi bandera algún día…

¡nuestros muertos alzando los brazos

la sabrán defender todavía!…

Cuántas veces la recité… No tengo la cuenta… Destacada desde muy pequeña en todos los matutinos, me buscaban para efemérides históricas y supe siempre que fue obra de Bonifacio Byrne, un lector de tabaquería matancero, estos bellos versos de Mi Bandera con los que me emocionaba.

Pero hoy más que nunca los recuerdo y rememoro y alerto, para una nueva generación que NO conoce quizás estos versos, que en una ocasión, en la escuela primaria Julio Antonio Mella, donde cursé solo el segundo grado, a la edad de unos 7 años, comencé por esta última estrofa que, parece, ciertamente un comienzo cuando realmente cierra todo el sentimiento del autor y, cuando me daba cuenta, NO sabía cómo empezarla y en el escenario, comencé a llorar y entonces me aplaudieron y con aquel aplauso, todavía entre sollozos, me sentí mejor y con la cordura para reiniciarla… 

Al volver de distante ribera,
con el alma enlutada y sombría,
afanoso busqué mi bandera
¡y otra he visto además de la mía!

¿Dónde está mi bandera cubana,
la bandera más bella que existe?
¡Desde el buque la vi esta mañana,
y no he visto una cosa más triste… !

Con la fe de las almas austeras,
hoy sostengo con honda energía,
que no deben flotar dos banderas
donde basta con una: ¡la mía!

Mientras recitaba los miraba a todos… Los sentía mucho más agradecidos de mi equivocación y no era mal mi apreciación infantil, porque para lucirme en la nueva incursión, acentuaba con el dolor del equívoco muy bien mis palabras…

Me sonrío hoy porque con el paso del tiempo comprendí que se advenía, se sumaba a la añoranza de un autor que los adultos sabían que, al regresar a Cuba después de terminada la Guerra Cubano-Hispano-Americana, en ella expresaba su angustia frente a la incertidumbre del futuro nacional amenazado por una bandera extranjera, que él pudo ver desde el barco en que entraba en la bahía de La Habana, izada en la fortaleza del Morro junto a la bandera cubana. Con el tiempo, insisto, lo fui comprendiendo y me sigo repitiendo aquel momento…

En los campos que hoy son un osario
vio a los bravos batiéndose juntos,
y ella ha sido el honroso sudario
de los pobres guerreros difuntos.

 Orgullosa lució en la pelea,
sin pueril y romántico alarde;
¡al cubano que en ella no crea
se le debe azotar por cobarde!

Sí, mucho más larga es y bien que pude terminarla de punta a cabo y cuando acabé ,la alegría era infinita…  Y les digo que Byrne, sigue siendo el nombre de la calle santiaguera donde transitaba a diario para ir a esa escuela… Y Byrne siguió siendo el lugar de mis recuerdos, porque en él, a sabiendas de lo bien que me quedaba en la escuela el recitar, me escogía la Presienta del Comité de Defensa de la Revolución, para todos su actos. 

La más famosa de las poesías de Bonifacio Byrne, «Mi bandera», caló hondo en mi conciencia de niña, tanto como lo hizo en lo nacional, por representar la ansiedad de todo un pueblo que había luchado por una libertad que no significaba aún soberanía.

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