Trabajo por cuenta propia y responsabilidad social

A pesar de que el trabajo por cuenta propia crece, que su desarrollo es positivo para la economía y para la vida social, tiene algunos detractores quizás por viejos prejuicios o por temor a lo nuevo. El trabajo particular es legítimo, fue reconocido por la Constitución de la República de Cuba aprobada recientemente. Ahora se imponen dictar las regulaciones específicas de la actividad, para propiciar su consolidación y facilitar el cumplimiento de su función social.

Me referiré solo a un aspecto del problema, al sector de los servicios y lo haré con permiso de ustedes, a través casos que conozco bien, los cuales demuestran que el trabajo por cuenta propia no está reñido con los valores que la sociedad cubana preconiza y que, por el contrario, cuando se ejerce con honestidad y calidad puede legitimar aún más valores humanos como la solidaridad, la ayuda mutua y la responsabilidad social.

A Carlos Bacquiè lo conocí en los años 80, cuando al finalizar el curso íbamos a sembrar cultura en la Sierra Maestra. Cumplió el servicio social como graduado de Historia del Arte. Trabajó en el turismo y en el Fondo de Bienes Culturales. Perfeccionó sus conocimientos de artesanía y diseño: Actualmente es propietario de un taller donde se realizan productos gráficos. Intercambiamos con frecuencia: él tiene sus criterios de cómo debe funcionar el país y yo los respeto aunque no siempre concordamos salvo en la sanidad de los análisis.

Frente al taller hay un consultorio del médico de la familia. Los médicos y enfermeras son su comunidad. Le da prioridad cundo necesitan imprimir algún texto o hacer un cartel, él los privilegia y no les cobra. Tiene obsesión por la calidad, de su taller no puede salir un producto que no la tenga. Así de simple y así trabaja. Escucha cualquier opinión, pero fija sus pautas. A veces pierde dinero, pero gana calidad.

Trabaja todos los días del mundo y está muy atento sobe lo que pasa en Cuba y el extranjero. A veces lo asesoro en el enrevesado tema de los contratos, en otros asuntos como el de las mujeres, ni siquiera lo intento. Uno lo escucha, lo ve concentrado en su máquina en algún diseño o tomar una simple herramienta para hacer un cartel. Trabaja con delectación. Cree en la insistencia y cuando uno lo ve trabajar piensa que entre los particulares hacen falta muchos Carlos.

Otro Carlos, pero de apellido Court, sociólogo, es dueño del restaurante Terrazas la Caridad, un espacio lleno de plantas y flores que funcionan como ambientación. Oferta comidas criollas al carbón: de la calidad del servicio no es preciso hablar, basta con degustarla. Un pequeño grupo de estudiantes de música ameniza la cena con un repertorio que funde música clásica y tradicional santiaguera y sirve para deleitar a los clientes y entrenar a los jóvenes músicos.

Terrazas La caridad
Terrazas La caridad

Tiene un contrato con la compañía Palmares para atender grupos de turistas. Lo reciben en la barra y le ofertan algún coctel cubano. Al lado de la barra, cubierta de flores, hay una exposición de cuadros de pintores santiagueros con breves leyendas, para que quienes los vean los identifiquen. Sabe trasmitir identidad en el consumo de comidas, bebidas, canciones y pinturas para que los clientes degusten también el arte.

El trabajo por cuenta propia debe articularse con la comunidad: esa es la máxima de Lourdes Planas y su esposo Ángel Luis Díaz. Son los propietarios de Swing Latino, un amplio salón de belleza que oferta, además, servicio de restaurante. El local está situado en una arteria principal de la ciudad: Aguilera, próximo a la Plaza de Marte y cerca del Parque Céspedes.

Proyecto Swing Latino durante los preparativos previos a la inauguración de la escuela Amistad Cuba Viet- Nam.

Contribuyen a desarrollar habilidades en estudiantes de escuelas técnicas, trabajan en su superación y los entrenan, visitan hogares de ancianos, círculos de abuelos, para que los jóvenes sepan de donde vienen y confraternicen con la generación que los hizo posible y desarrollen su conciencia ciudadana. Su última actividad fue reconocida por el Gobierno y fueron invitados a la apertura de esa maravilla de la educación cubana que es la escuela especial Amistad Cuba-Vietnam, para niños discapacitados.

Lurdes, Ángel y los dos Carlos, tienen ideas claras. Saben que pueden contribuir a que los servicios complazcan a los clientes cubanos y extranjeros y estimulan a los turistas para que conozcan nuestra identidad y a los jóvenes para que la refuercen, saben que por encima del interés personal está la comunidad a la que todos nos debemos. Son personas con ideas claras sobre la responsabilidad social de los trabajadores particulares, y eso los dignifica.

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