Tres santiagueros estudiantes de Medicina enfrentan el coronavirus desde la comunidad

Cada mañana Dainelis Hernández Carrero, Laira Dinza Larduet y Reynier Cascard Vikdeaux salen de casa listos para cumplir con la compleja misión social encomendada para estos tiempos en que la pandemia del coronavirus SARS COV-2 tiene en jaque a gobiernos y pueblos de casi todo el mundo.

Estos jóvenes estudiantes de medicina, no tienen descanso. Mientras se intensifica la campaña Quédateencasa, para ellos tomar las arterias, tocar la puerta de cada una de las viviendas ubicadas en el área asignada para el pesquizaje activo, preguntar si han tenido nexos con alguien legado del extranjero y qué problema de enfermedad hay en la familia, es lo cotidiano.

A Laira la divisé en una de las viviendas ubicada en Mariana Grajales 164. Víctor Pérez y Nancy Robert le dieron la amable bienvenida y la respuesta que necesitaba la estudiante quien a la vez les recomendaba mucho cuidado, porque la edad los convierte en personas vulnerables a la COVID-19.

“No, yo no siento temor en realizar esta labor porque estamos preparados para hacer el pesquizaje y además, cuando opté por estudiar medicina estaba convencida que podía enfrentar situaciones epidémicas complejas. Además hemos aprendido en la Universidad que prevenir es el principio de nuestro sistema de salud primario y es esencial para salvar una vida”.

Laira también nos dijo que antes de salir de casa su mamá le recomienda que no viole ninguna de las normas de protección para que se cuide del contagio, pero esta labor, afirmó, “la realizamos sin exponernos porque tenemos en nasobuco que es esencial, además, hablamos con el paciente manteniendo la distancia, no entramos a la vivienda ni tenemos contacto directo con las personas”.

Para Dianelis desandar una que otra arteria santiaguera en la labor de pesquizaje, no es nuevo. Cada vez que en el territorio hay un alza de casos de dengue los estudiantes de medicina son movilizados en esta tarea. Pero “nunca habían enfrentado realizar estas visitas casa a casa conociendo el peligro de una pandemia tan letal como la COVID-19 “.

“Escuchar todos los días que en el mundo hay miles de muertos diariamente y que esta pandemia ha logrado contagiar a más de un millón 200 mil personas en tan corto tiempo, es para detenerse a pensar sobre el alto riesgo al que nos exponemos. Pero ello no impide mi disposición de tocar la puerta de cada hogar a buscar sospechosos del coronavirus”

“Para mí esta es una de las mejores experiencias cuando estoy próximo a concluir la carrera de medicina” afirmó Reynier, quien mostró su alegría por hacer algo diferente y sentirse útil en un momento tan complejo y que tanto de habla del coronavirus.

“Imagínese que ver lo que ocurre en el mundo con tantos enfermos, países como Estados Unidos cuyo Gobierno no sabe cómo enfrentar la pandemia: naciones como Ecuador con sus muertos en las calles, naciones como Italia que pidió ayuda solidaria a Cuba, me hace sentir agradecido por estudiar Medicina donde se tiene al hombre como lo esencial y podemos ayudar con nuestra visita a prevenir para salvar miles de vidas”.

“Nosotros no tocamos a las personas colmo norma de protección en tiempo de epidemia, pero los observamos y nos interesamos en reiterar la pregunta sobre su estado de salud si apreciamos algún indicio. Hasta ahora no hemos encontrado sospechosos en el área, y la indicación es notificarlo en el puesto de mando, al consultorio del médico de la familia y hay un personal que conoce el procedimiento para estos casos”.

Son tres jóvenes estudiantes de quinto año de la carrera de Medicina: Dainelis, Laira y Reynier, quienes residen en el Consejo Popular Mariana Grajales en la ciudad de Santiago de Cuba. Luego del intercambio les dejé conciliando datos, no sin antes expresarles el orgullo por la seriedad en el cumplimiento de una tarea que les llevó a dejar momentáneamente las aulas, para contribuir con ese hermoso gesto a preservar por encima de todo, la salud de cientos de personas.

A ellos también les llega el aplaudo de la comunidad.

Escrito por Agustina Bell Bell

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