Un 28 de septiembre sencillo, a la santiaguera

Santiago de Cuba, 28 de sept. –  La  Ciudad  Héroe de la República de Cuba, es también ciudad musical, inventora de ritmos, de sones y boleros, es una urbe que gusta del holgorio, una  aliada de las festividades. Las actividades masivas comienzan en julio con el Festival del Caribe, un homenaje a la cultura popular tradicional del área; luego  vienen los carnavales, el convite mayor; a fines de año esperamos el 1 de enero, para reverenciar el triunfo de la Revolución. Entre estas festividades está la de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR).

Si el carnaval es la fiesta de todos, la de los CDR sin dejar de ser de todos, es la fiesta de la familia. Hace poco publicamos un par de crónicas en la revista Siempre Santiago escritas por  dos de nuestros periodistas mayores: Carlos Sanabia y Heriberto Cardoso, quienes coinciden es destacar las singularidades del ser santiaguero. Según  estos colegas el santiaguero es musical, batallador, alegre, solidario y patriota. Los CDR encarnan esos valores.

Los creó el Comandante en Jefe hace 59 años y a pesar de los pesares están vivos. Hay algunos que apenas funcionan, otros que funcionan poco y están los de siempre, los testarudos que nunca ceden. Pero, si se trata de fiesta, todos participan. Cuando el Líder histórico de la Revolución los fundó su tareabásica era defender el país de sus enemigos internos y consolidar la unidad. Con el andar del tiempo asumieron otros empeños desde las donacionesde sangre hasta  la higienización de la cuadra.

Hay quienes piensan que una invasión extranjera es improbable, por eso  bajan la guardia y con ello afectan negativamente el papel de los CDR. Pero, están los que se movilizan y los que cuidan, son actividades que no prescriben. Ni los que desdeñan la acción del enemigo y padecen de ese mal tan humano que los especialistas llaman la falta de percepción del riesgo, ni ellos se pierden   la fiesta. Es el momento de confraternizar, de abrazar a los vecinos y especialmente a las vecinas, que ese día lo permiten.

Faltan algunos días para el aniversario y los CDR se alistan.El entusiasmo más que de situaciones depende de la gente. En mi calle se festeja, es una especie de ritual sin reglas preconcebidas aunque se preservan las tradiciones. Primero  se realiza la fiesta de los niños, se degustan dulces y refrescos. Después viene la de los adultos. Es una actividad tan sencillaque, por su espontaneidad,  es capaz de  ponerle los pelos de punta a los muy ortodoxos, aunque ninguno se atreva a decirlo y mucho menos  a inhibirse de participar.

Nuestra presidente tiene su programa. Si tenemos algún invitado le damos la palabra, de lo contrario nos la damos nosotros mismos. La presidenta lee un documento donde nos exhortan a seguir siendo lo que somos. Paralelamente reparten la caldosa, un ajiaco  de fabricación colectiva con carnes y viandas  y  los infaltables traguitos, no importan si son de vino o de otras bebidas más espiritosas como las hechas con  sustancia innombrables, donde no seexcluyen las de fabricación casera. Ese día nos congratulamos nosotros mismos, quizás porque lo merecemos.

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