¿UN BARRIO CHINO EN SANTIAGO DE CUBA? Parte 1

Santiago de Cuba, 12 de mar.- Hablar de un barrio chino esta ciudad pudiera parecer puro deseo de decir o inventar algo pero no es así. Me bastó hablar del restaurante  El Pacífico, perteneciente a chinos, que se encontraba en la calle Padre, cerca de la de Aguilera, exacto frente al Mercado de la Plaza, que aquí nombramos al revés, para darnos cuenta de su presencia en la ciudad. Es más, recordé que la tienda de víveres, hoy bodega, donde comprábamos los llamados mandados alimenticios, para darnos cuenta de que ellos convivían entre nosotros. Por cierto, tenían nombres en español, y uno de ellos, que vendía pescado en una cesta de madera, le decíamos Antonio. Y muchos ejemplos servirían para darnos cuenta de los chinos tenían residencia en Santiago de Cuba.

Hoy, y gracias a la amiga Teresa Stenger, nieta de un chino, le doy a conocer dónde estaba el núcleo poblacional más importante de esta ciudad, ubicada en la zona baja, cerca del puerto, y donde en el siglo 19 se instalaron decenas de franceses, franco-haitianos y sus esclavos haitianos. Me refiero a la Rue le Cock, o calle del Gallo. Aquello no duró mucho pues los franceses no dejaron huellas tangibles en la ciudad aunque sí muchos apellidos que llevan sus descendientes. Pero, como estoy hablando de chinos, agrego algo más: ellos se asentaron desde la  calle  Jagüey, Gallo y la Alameda hasta Toro a Lauro Fuentes para cerrar el perímetro en la antes mencionada calle Gallo.

Sus recuerdos fueron claros al decirme que en esa calle Gallo e Jagüey y San Gerónimo había una farmacia china, al lado estaba el almacén de alimentos perteneciente a Ángel, que a su vez era dueño de la famosa boutique La Flor de Asia, ya desaparecida, que estaba situada en la calle Enramadas, la principal área comercial de la ciudad, en un sitio altamente privilegiado de la ciudad pues el Parque Céspedes estaba a una cuadra. Este señor vivía en la calle San Francisco No. 58, entre Gallo y Jobito. Por cierto vino desde China con su esposa.

Cerrando por esta vez el antiguo espacio francés vino a ser ocupado por los cientos de asiáticos que pusieron, en los años 40 y 50 del siglo pasado,   tiendas de víveres en cada esquina de la antes mencionada calle Gallo, bautizada como Diez de Octubre, nombre que nadie usa, desde la de San Francisco hasta el Paseo de Martí, exactamente diez cuadras. Eso significa que llegaron a ubicar el mismo número de  bodegas en esa zona. Finalizo por hoy. Sigo en la próxima conversando de los chinos en Santiago de Cuba. Por. Armando A. Céspedes C.

 

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