Un día del almanaque… el chofer

Santiago de Cuba, 28 de  dic. -Amo a mi gente. Le confieso que a veces me dan deseos de abrazar a la persona, de darle un beso, de decirle algo lindo… pero me gana la timidez y apenas alcanzo a decir un Gracias entrecortado, o me sonrío, o digo adiós con la mano y hago un gesto con la cabeza…

Me sucedió aquella mañana, en que la parada no estaba tan llena, pero desde hacía un buen rato no pasaba nada. Entonces una señora comenzó a hablar de la situación, y que si la coyuntura económica, que si era mediados de octubre y no mejoraba… y a partir de ahí inició una disertación sobre choferes desconsiderados.

Algunos apoyaron con ejemplos negativos; otro aconsejó escuchar más las noticias antes de hablar; y un médico, -cercano a la señora-, no estuvo de acuerdo con ser extremistas. “No generalice. Pasa igual en el centro de trabajo. Para usted, ¿todos son amables?, ¿todos tratan de la misma forma?”… La conversación en la parada, parados, terminó cuando llegó la guagua.

Se abrieron las puertas y la voz amistosa del chofer anunció el tramo hasta Quintero. Un aire suave, oloroso, acompañaba la subida de cada escalón, y volvía el chofer: “tome señor, tome su vuelto que esto es un peso”. A la señora de “la coyuntura” que dos minutos atrás se quejaba: “mire madre, ponga su jabita por aquí pa que no se me caiga”; y yo que estaba medio atravesada “mi niña ponte de lado que la otra parada está más llena”…

Y así fue todo el trayecto, repitiendo el destino; pidiendo paciencia, que se bajen con calma; agradeciendo… Lo vi todo. Estaba allí, cerquita de la puerta, y también vi a los que se subieron y no pagaron, a los que no dieron las gracias por el vuelto, a quienes le dijeron en mala forma que no dijo para dónde iba (después de haberlo anunciado tantas veces)… En ningún caso el chofer cambió el tono agradable, volviendo al ritual en la nueva parada: “Quintero”…

De verdad quise tocarle el hombro en señal de aprobación, decirle “como hay que aguantar”, o “que tenga el mejor de los días”… pero sólo pasé cerca y dije bajito “gracias chófer”; y la señora detrás de mí, -que era la misma de la parada-… repitió la frase… Es una de las historias que este 2019 me hicieron pensar en el pueblo que somos y el que queremos.

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