Un hombre de la Revolución y para la Revolución

José Cuevas. Foto de Internet

Santiago de Cuba, 3 de dic.- José Cuevas Veranes, quien tiene la virtud de poseer una luz interior que subyuga desde las primeras palabras,  se considera un hijo legítimo de la Revolución que vive para engrandecerla y festejará satisfecho los 60 años de la victoria, el venidero Primero de Enero.

 Ser un hombre ciego  no le impide  amar, crear, trabajar, con el afán de estar siempre al servicio de los demás y ese sexto sentido para ver con los ojos del alma, como bastones que guían sus pasos por la vida.

Casi adolescente alfabetizó en Baracoa, donde llevó la luz del saber a los campesinos, una de las tareas que lo enaltecen,  tal vez por su vocación de maestro, de los formados en la antigua Escuela Normal de Santiago de Cuba, donde conoció a Frank País y a Pepito Tey.

Una apasionada capacidad para defender la Revolución en cualquier tribuna distingue  la rica trayectoria de este santiaguero íntegro,  que fue delegado al Cuarto Congreso del Partido Comunista de Cuba e integrante de la Asamblea Provincial del Poder Popular durante 11 años.

 “Desde el 28 de septiembre de 1969, cuando el Comandante en Jefe Fidel Castro llamó a formar los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), estoy en vigilia permanente cuidando la Patria como la niña de mis ojos”, confiesa, quien fue miembro del secretariado provincial en Santiago de Cuba.

“Soy de procedencia campesina, muy humilde  y considero los CDR mi primera escuela revolucionaria, la que forjó mi espíritu combativo que ya había tenido síntomas de rebeldía en época  de la lucha clandestina.

 “A esa organización le debo conocer bien a las personas, saber la hora exacta para tratar asuntos y encomendar misiones, en un contacto siempre espontáneo, sincero,  expresa; tal vez por eso lo saludan con mucho afecto a su paso y Cuevas conoce por la voz  a aquellos que le profesan tanto respeto.

Ahora su tiempo lo dedica a la Asociación Nacional del Ciego (ANCI), de la que integra su ejecutivo nacional y está desde 1978 al frente de la organización en la oriental provincia de Santiago de Cuba, Vanguardia Nacional por 26 años consecutivos.

Son datos que indican solidez en los resultados,  con logros  en el crecimiento  de la membresía y la creación  de los comités de apoyo, además de una faena notable en la rehabilitación del ciego  y en la labor diferenciada con énfasis en los jóvenes, las mujeres y personas de la tercera edad, pues necesitan mucho respaldo y valerse por sí mismas.

Se advierte que Cuevas está enamorado del trabajo con los ciegos y débiles visuales, se ha encariñado tanto con esa misión que, además de su orgullo, siente el compromiso de contribuir a formar el relevo.
 Estuvo varias veces en actos cerca de Fidel, pero recuerda con emoción cuando el líder histórico de la Revolución inauguró la escuela para niños ciegos y débiles visuales Antonio Fernández León, de Boniato; y Cuevas le confesó entonces: “Comandante usted me inspira para estar entero».

 Este hombre no repara en su discapacidad, es sorprendente; vive a plenitud cada instante, escribe poemas, cuentos, y ha ganado  premios en testimonio en encuentros de escritores de la ANCI.

Como reconocimiento a su entrega ostenta varias condecoraciones, ha viajado a Hungría, Alemania, España, Checoslovaquia y Yuloslavia; y estuvo en un Congreso de la Unión del Ciego Latinoamericano, en Panamá.

  “Me gusta actualizarme, tengo un radio de pilas al lado, oigo televisión, me leen los periódicos, analizo materiales mediante el Sistema Braille, soy autodidacta y modestamente sé de política, economía, cultura”, precisa  sin alarde de erudición.

  “En la asociación empleo mis potencialidades en un empeño útil y humano. A ella llegué humildemente, a raíz de mi estado, después de cinco operaciones y quedar ciego por glaucoma”, refiere quien es ejemplo de aquellos que no creen en la adversidad.

   A José Cuevas Veranes la vida, el trabajo, la Revolución y sus hijos y nietos le renuevan por minutos la vitalidad de esa luz interior que le distingue, en una nación donde ser ciego no es soledad ni abandono.

Por: Aída Quintero Dip.

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