Un humilde héroe en la historia de Santiago de Cuba

Santiago de Cuba, 12 de feb. –  La historia que ha sabido forjar Santiago de Cuba está cimentada por hechos trascendentales que alimentan el alma de la Patria y por el coraje de hijos e hijas humildes que nunca obraron pensando de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber.

Son muchos los nombres que atesora la memoria histórica de esta tierra rebelde, heroica y hospitalaria, quienes en cada época y ante determinadas situaciones de peligro en defensa del país dieron el paso al frente como buenos patriotas.

Uno de esos hombres es Carlos Enrique Gil de las Casas, fallecido recientemente, por lo que este trabajo constituye un modesto homenaje a una vida de extensa hoja de servicios y con aportes significativos a la liberación definitiva de la nación.

Este sencillo e intrépido santiaguero tuvo una vasta experiencia en la lucha clandestina y en la guerrilla, al ser combatiente junto a Frank País y otros valiosos jóvenes como Demetrio Montseny Villa, Berlarmino Castila Mas y René Ramos Latour, los cuales hicieron proezas en el Santiago rebelde y convulso de los finales de la década del 50 del pasado siglo.

Gil de las Casas fue protagonista del levantamiento armado de la ciudad de Santiago de Cuba, el 30 de noviembre de 1956, para apoyar el desembarco del yate Granma, cuando cumplió una misión en el  puesto de mando donde se cortaron los uniformes verde olivos usados, por primera vez, ese día, y también en el bloqueo al cuartel Moncada, que en la práctica no pudo ejecutarse  por situaciones ajenas a la voluntad del grupo.

Esa fecha, símbolo del estoicismo de lo mejor de la juventud de la época, lo marcó para siempre, “yo me empiné y siento orgullo de haber dado ese paso porque la Patria necesitaba el modesto servicio de sus hijos”, dijo en una ocasión.

También lo dio en abril de 1958, otra prueba de fuego al incorporarse a la columna rebelde que operaba en el II Frente Oriental Frank País, bajo las órdenes del entonces Comandante Raúl Castro, donde sobresalió como especialista en fabricación de medios explosivos, experiencia adquirida en la lucha en la ciudad contra la dictadura de Fulgencio Batista.

En la vida de este revolucionario, igualmente, tuvo personal connotación la causa de Palestina, que ha tenido unánime respaldo por los cubanos, al constituir un emblema de la lucha de un pueblo por la justicia y la soberanía.

Según testimonio de Gil de las Casas, él sentía especial simpatía hacia ese hermano pueblo por sus afanes libertarios y disposición a los mayores sacrificios por defender el derecho de los palestinos de tener un estado independiente y soberano, y de labrar su propio destino.

Guardaba con celos pasajes de los días memorables e históricos vividos en Palestina, ya que en el temprano septiembre de 1968 asumió la alta responsabilidad  de intercambiar experiencias con los comandos ALFATA, para reforzar conocimientos acerca de la lucha insurreccional y estar en mejores condiciones de defender a Cuba.

Siempre rememoraba con emoción su encuentro con el reconocido líder Yasser Arafat, jefe máximo político y militar del movimiento de liberación de Palestina, en ese momento. “Me honró estar frente a frente a una figura legendaria y querida en el mundo árabe, fuera de sus fronteras y, en especial, en Cuba”, confesó una vez.

Nos decía Arafat que Fidel era un gran jefe por su moral y prestigio, y a él le inspiraba mucha confianza y respeto; lo consideraba el revolucionario más grande del mundo y sentía orgullo por tener su amistad, recordaba Carlos Enrique.

Para este santiaguero “el espíritu de residencia de ese heroico pueblo se asemejaba mucho al nuestro, por eso su causa me conmovía, al tiempo que provocaba los sentimientos  más nobles de los hombres y mujeres honestos del planeta”.

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