Un vistazo a la cultura empresarial santiaguera

Santiago de Cuba 11 de feb. – En Comunicación Social como en la vida hay varios problemas prioritarios. Esta vez quisiera abordar el tema de la cultura organizacional, de la cual se habla poco pero está en el centro de la sobrevivencia y el desarrollo de las empresas, instituciones y organismos. Me limitaré al ámbito empresarial por su papel protagónico en el quehacer general del país, en particular ahora que se consolida el nuevo modelo económico social de la Revolución, el cual tiene entre sus prioridades   la gestión económica.

La orientación del nuevo modelo es nítida. La nación tiene sus prioridades: la continuidad de la labor ideológica,  la defensa del país, el desarrollo del proceso legislativo que avala la práctica de la nueva Constitución  y  la economía sin cuyo desarrollo es imposible garantizar el socialismo sostenible al que con todo derecho aspiramos. En este contexto lo que sucede con el neoliberalismo en América Latina, nuestro entorno cultural y social más cercano y la renovada agresividad del actual gobierno de EE.UU con el recrudecimiento del bloqueo, son leccionesque deben tenerse presentes en la orientación de la economía cubana: porque la economía depende tanto de coyuntas externas como del aprovechamiento de nuestras reservas internas.

En el nuevo modelo de desarrollo económico social la Comunicación Social tiene un papel significativo, no determinante como dicen algunos, pero si importante por sus posibilidades de aporte a la consolidación del modelo mismo. Ese papel ha sido reconocido por la dirección del país en especial por el Presidente cubano Miguel Díaz-Canel, pero – y es contradictorio-, se habla con insistencia de varias de las disciplinas comunicativas, más apenas se reflexiona sobre la cultura empresarial, tal vez porque se entiendeque su presencia obedece a la lógica cotidiana.

Quizás la explicación de esta contradicción está relacionada con el hecho de que la cultura empresarial es intangible, que resulta complicado someterla a cánones y programas. La cultura empresarial por su esencia refiere, como apunta Carlos Llorca al conjunto de los valores que definen y singularizan a una organización o como señala el creador del concepto: Edward Schein, comprende una serie de criterios compartidos, de presunciones sobre qué es la empresa, sobre su identidad.

Para Schein la cultura empresarial es sinónimo de supervivencia, de estabilidad y éxito, en tal grado que la función principal del jefe es sembrar cultura yadministrarla. Para este autorla primera tarea del que dirige consiste en administrar la cultura, la labor paciente conlos trabajadores para que asuman y multipliquen una cultura organizacional sólida, proceso que supone dedicación, tiempo, convicción de que es necesaria para que la empresa viva y prospere. La cultura empresarial es singular y está hecha de hábitos, tradiciones y desafíos.

En el país sufrimos un proceso de desculturización. Factores de todo tipo, principalmente externos, han conspirado contra una planificación estratégica de la cultura empresarial. Hay casos donde culturas queparecían afianzadas han retrocedido, así sucede con la azucarera o la ferroviaria; y si consolidar una cultura es tarea ardua, recuperarla es aún más difícil. Para lograrlo hay que armarse de tres palabras: tiempo, paciencia y constancia. Hay otras culturas con mejor suerte: como elservicio turístico en algunas instalaciones de la provincia o la producción de café que revela síntomas alentadores.

Hay empresas nuestras, como Flor y fauna, por ejemplo, que han logrado fortalecer su cultura, otras están lejos de conseguirlo; pero ninguna puede mantenerse al margen de un asunto en el que le va su propia existencia. Cuando hablamos de cultura empresarial tendemos a pensar solo en su célula, la empresa. Deberíamos incorporar al análisis los riesgos externos. Nadie que crea en la imparcialidad dejará de reconocer que los bloqueos han atentado contra la consolidación de la cultura de nuestras empresas, los factores exógenos se unen a problemas internos como los hábitos mal aprendidos en una realidad hostil. Pienso que hay que empezar por reconocer los lastres y afrontarlos. Y no creo que hacerlo sea opcional sino obligatorio. Así de sencillo.

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