“Una estatua para Matamoros”

En la esquina de callejón del Carmen y San Bartolomé saluda, -alzando su sombrero-, el autor de “Lágrimas negras” y “Juramento”… Así lo diseñó el artista de la plástica José Rolando Montero, un holguinero de nacimiento, aplatanado en Santiago de Cuba desde mil 983. A la cuna de la trova daría la primera estatua de Miguel Matamoros en el país.

Después de una llamada inesperada asumió el reto, al que siguieron innumerables caminos para la creación del diseño final.

“Yo primero no quería que fuera sentado, tampoco tocando la guitarra, sino simplemente en un momento de descanso, como quien tocó o va a tocar. Pensé ponerle el pie en un banco, pero luego yo mismo me dije que no era correcto mostrar a Matamoros así. Decidí entonces que un hidrante era el mejor lugar para poner el pie, por otro lado era un lugar donde tradicionalmente los trovadores se colocaban para dar serenatas.”

El Taller Cultural Luis Díaz Oduardo, ubicado en el Reparto Vista Alegre, sería testigo del trabajo artístico que contó en su modelado con el apoyo de las nietas del emblemático músico.

José Rolando Montero

“Estuve casi un año en ese empeño, porque de forma reglamentaria el escultor consulta con la familia o personas allegadas para tener opiniones en cuanto al personaje, si están de acuerdo o no con lo que vas haciendo. Ofrecen datos que son importantes, además de tu propia investigación, porque a veces las fotos engañan, incluso puede ser que no haya fotos del perfil de la cara, que son las que dan sus líneas. Hay quienes nunca se tiraron una de perfil, y eso dificulta el trabajo”.

Entonces, se multiplica la responsabilidad del escultor: entregar una obra de calidad, y que tenga la aceptación de quienes conocieron al personaje representado…

“Lo más difícil es lograr que el familiar esté de acuerdo con el parecido, porque en buena parte de los casos esas personas no lo ven como era, sino como querían que fuera. Es difícil porque es quien además firma el acta de conformidad con la obra.

Al hacerlo tienes que interiorizar el personaje, sentirlo como si fuera caminando por la calle, y hasta lo comparas con personas que uno conoce para verlo más real, mucho más cuando toma la altura que la historia le da por su trayectoria, como en el caso de Matamoros.”

Para mantener la belleza de la creación, un llamado…

“A veces se abusa de la participación de la estatua, y le ponen hasta una bandeja de comida encima, para sacarse algo del bolsillo. Ese tipo de trabajo hay que cuidarlo, si es posible no pasarle la mano porque tiene grasa, sudor, una química que actúa sobre el bronce. Las obras que se hacen para el disfrute de la población hay que cuidarlas, eso es también estar a la altura del personaje, y en este caso se trata de uno de los mayores exponentes de la trova. Su música ha recorrido el mundo.”

En tiempos normales, -cuando el callejón del Carmen acoge a los caminantes en su recorrido por la ciudad-, es cuando Montero disfruta más de su obra…

“Hace un tiempo vi a unos jovencitos de preuniversitario que al parecer celebraban un cumpleaños, y se estaban tirando fotos allí. Eso me gustó mucho… quedó en mi recuerdo”.

José Rolando Montero es también el escultor de obras como la estatua de Celia Sánchez en el combinado textil que lleva su nombre, y del Busto de Beettoven en la Sala Dolores. Durante la decimoquinta Feria Internacional Cubadisco, el 18 de mayo de 2011, se develó la estatua en bronce de Miguel Matamoros. Desde entonces nos acompaña, como un santiaguero más, desafiando el tiempo.

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