Una Federación comprometida con una Cuba mejor

Con la certeza de representar una revolución dentro de otra, como las calificara el Comandante en Jefe Fidel Castro, las cubanas rinden honor cada día al Héroe Nacional José Martí, quien anticipándose a su tiempo aseguró: ”Las campañas de los pueblos solo son débiles, cuando en ellas no se alista el corazón de la mujer”.

Hoy más que nunca ellas alzan la frente, le ponen corazón a las tareas y marchan unidas por la Patria, ante los desafíos de estos tiempos tan difíciles, caracterizados por la crisis económica global, una pandemia con alto nivel de contagios y muertes, y un arreciado y genocida bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba.

Así celebraron y todavía festejan el aniversario 61 de la Federación de Mujeres Cubanas, fundada por Fidel el 23 de agosto de 1960, por ser protagonistas de un proceso emancipador que las dignificó primero y luego les garantizó el ejercicio de todos sus derechos, para convertirlas en partícipes decisivas en el trabajo y en el combate en defensa de sus conquistas.

En estos años de fructífero quehacer las federadas se vanaglorian por contar con una organización más fortalecida y al frente de una membresía de probada solidez ideológica, que tuvo en su eterna presidenta la Heroína Vilma Espín, el principal paradigma para ser creativas, aportar y vencer siempre.

Atrás quedó la esclava del hogar, la doméstica como único porvenir; nació la médica para sanar en su Patria y otras tierras; la científica descubridora de vacunas prodigiosas; la maestra artífice del mundo nuevo que se abría paso, y la soldado con fusil en ristre para cuidar hasta con los dientes lo alcanzado.

Ahora se empeñan en fomentar valores en las nuevas generaciones, ocupan la primera fila en labores económicas de alta prioridad, y muestran la vocación internacionalista legada por sus antecesoras, al cumplir misiones de colaboración en el campo de la salud, la educación, la cultura y el deporte.

Con el brío necesario para el desbroce de los nuevos caminos, luchan por el ejercicio de la plena igualdad de la mujer y barrer vestigios del pasado que aún afectan su cabal integración a la sociedad, con el fin de obtener mayores niveles de participación y en la promoción hacia cargos de dirección, sobre todo, en las responsabilidades de toma de decisiones.

Existe consenso entre las federadas de que el funcionamiento orgánico es clave en la vida de la organización, pero un aspecto importante para que esa vida crezca saludable es la correcta aplicación de la política de cuadros, que reclama de personas bien preparadas que conduzcan con talento, buscando las reservas y potencialidades que abundan en la base y en las jóvenes.
La atención sistemática al trabajo comunitario debe constituir una prioridad, defendiendo siempre el concepto de prevenir primero, y luego enfrentar con valentía las indisciplinas, conductas antisociales y los problemas, fundamentalmente en el barrio, hasta lograr su transformación.

Habrá entonces muchas más razones para que la FMC, como aglutinadora de una poderosa fuerza, esté en la primera trinchera del combate por salvaguardar y engrandecer la obra de la Revolución que ha resistido más de 60 años de asedios, amenazas y agresiones, sin ponerse nunca de rodillas.

En esa leyenda de heroísmo y rebeldía tejida antes, durante y después del triunfo de la Revolución, en enero de 1959, hay muchos nombres y para honrarlas también se fundó la Federación, porque ellas pusieron la primera piedra con su protagonismo en la forja de la Patria libre.

Ahí está la patriota Mariana Grajales, madre de la estirpe de los Maceo; Ana Betancourt, quien se anticipó a la época alzando su voz para proclamar y defender los derechos de la mujer; y otras intrépidas en el combate silencioso o frente a frente del enemigo como Haydée Santamaría, Melba Hernández, Celia Sánchez, Vilma Espín, Asela de los Santos…

Desde el Moncada y la Sierra Maestra, Fidel vislumbró su valía. Quién puede olvidar el ejemplo de Melba y Haydée en la gesta del 26 de Julio; el de Celia, la primera guerrillera; del pelotón Mariana Grajales, que peleó en los tiempos de la guerra; y Lidia y Clodomira, eficaces mensajeras en la insurrección.

También Frank País, avezado líder clandestino, les confió arriesgadas misiones y les prodigó el cariño de hermanas; algunas con responsabilidades en el Movimiento 26 de Julio como la veterana luchadora Haydée, y Vilma con un aval ganado en la pelea frontal contra la dictadura de Fulgencio Batista.

Rostros femeninos subieron a la Sierra a engrosar las filas del Ejército Rebelde, donde cumplieron faenas increíbles; cosieron para el estreno los uniformes verde olivo en el sigilo de la madrugada, y resguardaron a los perseguidos en armarios, bajo la cama y en los sitios más inverosímiles.

Esos ejemplos han sido el legado más perdurable para las mujeres de hoy, que lo han tomado como bandera para conquistar derechos y espacios; exigir un puesto en el combate y en el trabajo; ocupar responsabilidades en sectores estratégicos, y servir con desinterés a otros pueblos hermanos.

Tantas hacen a diario desde su anónima actuación y siguen levantando a fuerza de coraje, intuición y sacrificios personales esta obra que no sería completa sin su sonrisa, pues solo merecen reconocimiento y orgullo.

Avalada por la madurez de los años y la vitalidad del primer día, la organización se atempera a los retos de estos tiempos, trabajando con ahínco, asumiendo misiones y, sobre todo, comprometidas con el futuro en la forja de una Cuba mejor para todos.

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