Una gloria de la cultura que enaltece a Santiago de Cuba

Santiago de Cuba, 10 de ene. – Cuba es una tierra que se ufana con razón de contar con artistas encumbrados y géneros y manifestaciones que trascienden las fronteras del país para hacer trascender ese patrimonio cultural que enorgullece a su noble pueblo.

La estatura de artista de Enrique Alberto Bonne Castillo, por ejemplo, se eleva cada día porque la inspiración de su obra ha sido su natal Santiago de Cuba, desde donde la ha hecho universal. Así muchos consideran acerca de esta indiscutible gloria de la cultura nacional.

Músico y compositor de alto calibre y linaje, apegado a las raíces de esta singular tierra cuna del son y de la trova, ha devenido fortuna viva del acervo cultural de la nación, justamente reconocido con el Premio Nacional de Música 2016.

Patriarca de la música de la Isla, creador del ritmo pilón, mítico músico, de los más célebres compositores del género popular, estos y otros calificativos no lo envanecen, sigue siendo el campechano de siempre, a quien nunca le falta una sonrisa y el saludo amistoso hacia sus compatriotas.

Cuando ya rebasa los 90 años de vida atesora unas 200 obras musicales, entre danzones, boleros, guarachas, sones, sambas, el ritmo pilón, congas, cha-cha-chá, merengues y montunos, en una carrera artística como compositor que comenzó en la década de los años 50 del pasado siglo.

Otro santiaguero, Pacho Alonso estuvo entre sus más fervientes intérpretes, popularizando Yo no quiero piedra en mi camino, pero también Fernando Álvarez, Celia Cruz, Adolfo Guzmán, Benny Moré, Alfonso Álvarez, Bebo Valdez, José Antonio Méndez y César Portillo de la Luz difundieron sus textos.

Obra de la sabiduría de este Maestro son los Tambores de Enrique Bonne, una agrupación de percusión para conciertos que caracteriza la suroriental urbe, donde se cultiva un arte tradicional y popular de una particularidad sui géneris.

Santiago de Cuba necesita de los Tambores de la ciudad, como también suelen decirles, como el aire para la respiración de su gente, tras la suerte de contar con ellos para adueñarse un poquito cada día de esa policromía de sonoridades que la identifican  como referencia de las expresiones más autóctonas de la Isla.

La faena de Bonne como compositor es extensa, Dame la mano, La tortuga y el conejo, Manigueta, La tragedia del sabor, La jicotea, La cometa, Linda cubana, Quinto batá, El cangrejo y Negro carabalí burundanga son algunas de las piezas en las cuales se distingue la conga santiaguera al compás de los cueros, la campana y la corneta china.

Con más de cinco décadas de fecunda actividad artística, ha deleitado al público en disímiles escenarios de Cuba y el extranjero, donde  impactan por el sabor y picante que saben extraerle a los tambores estos reconocidos instrumentistas.

Como bendecidos por el arte, con un poder interpretativo y musical que subyuga, los Tambores de Enrique Bonne  definen al santiaguero, al preservar las tradiciones culturales de la nación en cada melodía, en sus contagiosos toques y cantos, muestra de la energía revitalizadora de este hombre.

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