Una muerte que no existe

Santiago de Cuba, 14 de oct. – Ser como el Che a veces nos llega como una consigna de pequeños, pero quizás no se interioriza. Cuando hace 42 años el guerrillero heroico fuera asesinado en Bolivia, no pocos revolucionarios en el mundo lamentaron su pérdida.

Nacido en Argentina en 1928, Ernesto Che Guevara se convirtió en una de las figuras más importantes del Ejército Rebelde y de la Revolución Cubana. Muchos de los combates que liberó tuvieron un impacto positivo en el desarrollo de la guerra.

Aunque la Batalla de Santa Clara ha sido una de las más recordadas, el Che logró ser líder en no pocas acciones. Cuando la Revolución triunfó él estuvo en la primera línea de combate. Luego de desempeñar importantes cargos decidió marcharse a luchar contra el imperialismo en otras tierras. Bolivia fue el último destino.

Allí fue asesinado. Las lágrimas de muchas personas justas en el mundo se hicieron presentes. El dolor de los cubanos fue mayor porque lo adoptamos como hijo de nuestra nación. Habíamos perdido a un hombre que se convirtió en símbolo de resistencia y de intransigencia revolucionaria. Pero nos dejaste tu ejemplo, tu dignidad y tu fortaleza. Nos dejaste esa frase que siempre mantiene su vigencia: «Al imperialismo, ni tantico así». Che, ni los monumentos erigidos en tu memoria pueden medir la grandeza de tu vigencia.

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