Una visión desde el riesgo informado, al rebrote de la Covid-19 en Santiago de Cuba

Para todos los habitantes de Santiago de Cuba la situación higiénico-epidemiológica con respecto al rebrote de la Covid-19 es un asunto de mucho interés ya que, después de haber estado varios meses sin casos positivos, las alarmas suenan otra vez en el territorio.

Desde la ciencia, también investigadores analizan el fenómeno como la DrC. Liliana María Gómez Luna, Profesora Titular del Centro Nacional de Electromagnetismo Aplicado (CNEA) y el DrC. Fernando Guasch Hechavarría, Profesor Titular del Departamento de Desarrollo Local de la Universidad de Oriente (UO).

Estos prestigiosos científicos que además están asociados a la Casa de Altos Estudios del oriente, a la Academia de Ciencias de Cuba y respectivamente son coordinador del Doctorado de Ciencias Ambientales de la UO y Asesor en gestión de riesgos para el desarrollo de la Plataforma PADIT, nos dan su valoración al respecto.

¿Qué han realizado en materia de investigación, en relación con la situación generada por la COVID-19 en el país?

DrC. Liliana María Gómez Luna: Lo primero que hice fue una reflexión sobre las preocupaciones ambientales desde que se instituye el día mundial del medioambiente en 1974 hasta el año 2020, para explicar que las cuestiones ambientales están ligadas a la emergencia de epidemias y que la crisis que enfrenta hoy el mundo ha tenido su origen en las constantes perturbaciones ambientales. De la reflexión salió un ensayo y el ensayo se convirtió en un artículo publicado en la Revista Medisan 24(4) 2020: El desafío ambiental en tiempos difíciles: las enseñanzas de la Covid-19, donde formulo preguntas que constituyen desafíos para la ciencia y para la humanidad, partiendo que estamos viviendo como bien explica Ignacio Ramonet un “hecho social total” que “convulsa el conjunto de relaciones sociales y conmociona a la totalidad de los actores, de las instituciones y de los valores”.

Para escribir este artículo tuve que dedicar muchas horas a la compilación y análisis de artículos científicos, en un contexto en el que una búsqueda en Google académico devuelve más de 79 200 contribuciones científicas en solo 0.04 s. En un mundo como el de hoy, tan conectado, este coronavirus tiene quizás el récord de haber invadido más espacios en menos tiempo; como también el de haber generado más información científica en apenas seis meses; sin embargo, aún persiste la carencia de medicamentos efectivos y/o vacunas disponibles, así como vacíos del conocimiento en relación con la enfermedad y la influencia de factores ambientales sobre su trasmisión y evolución.

El artículo termina en una convocatoria, porque me enfoco en las enseñanzas: hay que aprender de la realidad, de las experiencias pasadas; hay que integrar las acciones de adaptación y mitigación al cambio climático con la gestión de riesgos, específicamente la reducción de riesgos para evitar o minimizar desastres; hay que aprender a ser resilientes aún en los escenarios más difíciles; hay que estar bien informados para poder actuar de manera coherente. Es necesario repensar el futuro con lo que se ha aprendido o desaprendido en este 2020; y finalizo con una pregunta difícil ¿Qué huellas dejará esta pandemia?

Una segunda contribución, un poco más elaborada y trabajada en un equipo de profesores de Santiago de Cuba y doctorandos de Guantánamo, pertenecientes al Programa de Doctorado en Ciencias Ambientales de la Universidad de Oriente, fue un artículo publicado en la Revista Ciencia en su PC 2 (2020): Un análisis de la percepción del riesgo ante la Covid-19, el que se estructura a partir de los resultados obtenidos de la aplicación de un cuestionario a santiagueros y guantanameros.

Los resultados obtenidos en este trabajo fueron sorprendentes y permiten explicar desde la gestión de riesgos el rebrote de la Covid-19 en nuestra provincia.

DrC. Fernando Guasch. Deseamos como analista de riesgos, compartir algunos puntos de vista que permiten comprender lo útil de la aplicación de las categorías básicas para la gestión de los riesgos de desastres, en el manejo eficaz y eficiente de la pandemia en un país insular y multiamenazado como Cuba.

Con la aparición de la nueva enfermedad generada por el coronavirus SARS-CoV-2, diversas organizaciones regionales y nacionales, así como estudiosos en la materia trataron de contribuir al esclarecimiento del comportamiento de la epidemia, convertida ya en pandemia y sobre todo al análisis de las diversas estrategias aplicadas por los países, en atención a las particularidades de sus sistemas de salud, la robustez de los sistemas de Defensa Civil y sobre todo a la voluntad política de los Estados.

La falta de percepción global en relación con el peligro asociado a la proliferación del virus y la diseminación de la enfermedad, junto al fracaso total de los modelos neoliberales), han propiciado el incremento de las vulnerabilidades globales, además de nuevos riesgos-países vinculados a la variabilidad climática y la no inserción del riesgo informado en las políticas de desarrollo sostenible.

Partimos de reconocer el vínculo del riesgo informado al desarrollo, porque no es posible analizar la Capacidad de Respuesta de un Escenario, si no partimos de su Diagnóstico Situacional con fines de Gestión de Riesgos y de los Estudios de Escenarios Pre-Desastres y de su estrecha relación con los factores (socioeconómicos, medioambientales, sociales y políticos), las categorías (amenazas, vulnerabilidades, riesgos y resiliencia) y los recursos (humanos, tecnológicos, financieros y naturales).

Estos elementos nos han servido de base para identificar las acciones vinculantes con las categorías básicas para la evaluación y manejo de desastres, que sirven de sustento a una estrategia de gestión a nivel de país.

¿Por qué el establecimiento de Barreras entre el Peligro y las Vulnerabilidades?

DrC. Fernando Guasch: La exposición al virus propicia la aparición de la enfermedad y con ella el Peligro, pero la intensidad de sus manifestaciones depende de las características intrínsecas y adquiridas de los escenarios expuestos, o sea sus vulnerabilidades. Por esta razón, la estrategia cubana, conocida como el plan de enfrentamiento a la Covid-19, reconoce, la necesidad de establecer barreras protectoras entre la amenaza y la población expuesta, potencialmente vulnerable, para evitar que el virus de disemine y la enfermedad se propague de forma incontrolada a lo largo y ancho del país.

Para esto fue necesario estimar consecuentemente la AMENAZA. Cuando el nuevo coronavirus se detecta en China y se asocia como responsable de la enfermedad Covid-19, llama la atención inmediata de científicos de varios países del mundo por su alta morbilidad y letalidad, incluyendo a los científicos cubanos, que desde un inicio comenzaron a proyectar los protocolos de actuación ante un peligro inminente. Su intensificación y rápida expansión en China, califican de inmediato la enfermedad como un PELIGRO epidémico real y su rápida diseminación hacia Europa y otros continentes, ratificó su carácter Pandémico.

Conceptualmente las BARRERAS, son un instrumento de impedimento, garantía y protección, muy utilizado en la prevención de emergencias tecnológicas. En este caso, ante una emergencia de carácter sanitario, su uso está determinado para evitar al máximo la EXPOSICIÓN de la población a la AMENAZA y sobre todo de los segmentos más vulnerables de la población.

Un sistema social como el cubano, muestra fortalezas en la organización y las estructuras de dirección establecidas, que garantizan la implementación del sistema de barreras de protección social en toda la geografía cubana en corto tiempo. Los indicadores como el índice de velocidad de reproducción de la infección en el país y el porciento o tasa de supervivencia en pacientes graves y críticos, así lo han ratificado.

¿Qué aspectos determinan el control efectivo de las medidas de PREVENCIÓN?

De nada valen las BARRERAS, sin control y en esto ha sido decisiva la visión sistémica implementada en Cuba. Por esta razón el país se vio obligado a organizar una Estrategia país contextualizada, participativa e inclusiva, destinadas a la Prevención del Riesgo.

Las acciones de prevención, se centran en evitar la exacerbación de los factores de vulnerabilidades que propician el nivel de pérdidas y daños generados por la Pandemia, a través de la modelación de escenarios prospectivos. Esta visión anticipativa preparó al país para la actuación en diferentes fases en función de la evolución de los diferentes escenarios. Hablamos así de fases:

  • Pre-epidémica. (del 11 de marzo al 6 de abril).
  • Transmisión autóctona controlada. (del 7 de abril a la fecha).
  • Epidémica.

Nuestro sistema nacional de salud, con experiencias internacionales diversas en emergencias y desastres, evidencia que es fundamental mantener la situación epidemiológica bajo control y que nunca ésta supere la capacidad de respuestas del ente afectado, para evitar la catástrofe.

Por eso a nivel internacional es necesario presentar que en Cuba, la acción coordinada de todos los sectores, bajo una visión sistémica junto a los actores claves del país, ha sido decisiva en el control efectivo y eficiente de las medidas de Prevención del Riesgo a la Pandemia.

¿Qué garantiza la PREPARACIÓN continua de las comunidades y el país?

Las barreras activas sobre la Amenaza y el Control Preventivo para garantizar la administración del Riesgo epidemiológico, son posibles gracias a las acciones dirigidas a la PREPARACIÓN CONTINUA de la población, que obviamente tributan al incremento de la Resiliencia Comunitaria.

Recordemos que se define la RESILIENCIA, como la capacidad que tiene un sistema, una comunidad o una sociedad expuestos a una amenaza, para resistir, absorber, adaptarse, transformarse y recuperarse de sus efectos de manera oportuna y eficiente, en particular mediante la preservación y la restauración de sus estructuras y funciones básicas por conducto de la gestión de riesgos.

Como conclusiones parciales consideramos que son aplicables las categorías básicas para la gestión de los riesgos de desastres, en el manejo de situaciones pandémicas como la generada por la COVID-19.

El éxito del modelo cubano de gestión a la COVID-19, ha estado sustentado en tres elementos básicos, que son, la integralidad y sistemacidad de las acciones, la modelación de escenarios y el establecimiento oportuno de un sistema de barreras, con control preventivo y estimulación de la Resiliencia Comunitaria.

Cuba, como parte de los pequeños países insulares del Caribe, ante los altos índices de riesgos de desastres de la región, prioriza el riesgo informado, en función de la gestión del riesgo epidemiológico del país.

¿Cómo interpretan desde la gestión de riesgos el rebrote en nuestra provincia?

DrC. Liliana Gómez: Para explicar este particular he seleccionado varios textos del segundo artículo publicado. El rebrote de la enfermedad se había identificado en términos de gestión de riesgo como una amenaza potencial, también son amenazas potenciales que la endemia, y que el virus mute hacia una cepa con mayor poder infectivo, más resistente.

Comencemos explicando que en el caso de una epidemia como la Covid-19 destaca la falta de percepción global en relación al peligro asociado a la transmisión del virus, lo que representa una situación de conflicto: pero ¿cómo tener percepción sobre algo que no se conoce? La interpretación puede diferir de la probabilidad objetiva de ocurrencia del fenómeno haciendo más vulnerable al individuo, al no condicionar una actuación acertada. La percepción puede estar modulada por la presión mediática, o por la experiencia de vida, y en este caso no existen precedentes en relación con una pandemia de tal magnitud, mucho menos en nuestro contexto.

La evaluación de la percepción de riesgos es necesaria no solo para explicar el fenómeno en su dimensión psicológica y social, sino para estudiar los comportamientos e implementar estrategias efectivas de prevención y control, ante la posibilidad de conductas extremas: la aceptación psicológica o la negación del riesgo, su amplificación o atenuación, que en un momento pueden convertirse en amenazas.

Otras dos categorías son relevantes en este análisis, las vulnerabilidades, relacionadas con enfermedades prevalentes asociadas al riesgo de ser infectado por el SARS CoV-2 y la resiliencia, que considera desde aspectos biológicos como la respuesta inmune de cada individuo, hasta la resiliencia social, económica, física; siendo relevante la inclusión de todas las dimensiones.

Sin embargo, un aspecto clave que queremos significar es la existencia de ilusión de invulnerabilidad, con énfasis en las edades entre 10 y 30 años. Esta sensación hace que los individuos se expongan al peligro sin tomar las medidas necesarias, y como se ha corroborado en esta investigación, son más vulnerables por tener mayor exposición. A ello se suma la existencia de falsos estereotipos sobre los portadores de la enfermedad, lo que ha sido descrito previamente para el VIH-SIDA, ignorando en el caso de la COVID-19, la situación de riesgo asociada a individuos asintomáticos; por tanto, hay una infravaloración de los riesgos que resta importancia a aspectos clave como los antes mencionados.

Es importante señalar que la percepción de la gravedad de las consecuencias de contraer la Covid-19 ha estado atenuada en gran parte de los individuos con ilusión de invulnerabilidad, por la confianza en el sistema de salud, y en el control desplegado por las autoridades sanitarias. Se han manifestado además conductas extremas como la de aceptación del riesgo, incluso su negación, lo cual vemos cada día en personas de nuestro entorno, incluso en el núcleo familiar.

La ilusión de la invulnerabilidad, la infravaloración del riesgo, y el poseer información incompleta o equivocada, pueden crear divergencias entre la conducta esperada y la real, lo que soporta el planteamiento de la disrupción entre el saber y el actuar, y la existencia de conductas que ponen en peligro los resultados y esfuerzos realizados en el manejo epidemiológico de esta enfermedad en Cuba, y la salud de la población. Aun cuando el sistema social responde más a un enfoque preventivo, en una situación de crisis como la que se enfrenta, debe ser más restrictivo y enérgico ante los comportamientos inadecuados, imponiéndose el cumplimiento de estrictas medidas de control social y la aplicación rigurosa de las normas establecidas.

Entre todas las conductas irresponsables hay que valorar la corresponsabilidad de los adultos en el caso de los niños y adolescentes. La responsabilidad es una cualidad, un valor del ser humano; una característica positiva de las personas que son capaces de comprometerse y actuar de forma correcta, ejerciendo sus derechos, respetando los de los demás y cumpliendo sus obligaciones como ciudadanos. Hay que inculcar en los niños estos valores y

Otro aspecto clave es el análisis de los impulsores del riesgo: el cambio climático, los conflictos preexistentes, la inequidad social en relación con el género, la inseguridad en el acceso seguro a alimentos y agua, la urbanización, sus conflictos y retos asociados, el envejecimiento poblacional, la contaminación, la degradación ambiental, el hacinamiento, la insalubridad, la presencia de fenómenos naturales adversos, la existencia de adultos permisivos que realizan un manejo adecuado de los menores a su cargo; todo ello limita el manejo efectivo de una crisis como la actual.

Ante los riesgos epidemiológicos o de cualquier naturaleza, hay una situación de conflicto expresa: mientras existe un interés marcado de las instituciones gubernamentales por reducir la vulnerabilidad de la población, existen comunidades, grupos humanos, o individuos que se exponen voluntaria o involuntariamente a situaciones de riesgo, comprometiendo la salud de sus congéneres, e incluso su propia vida. Este hecho gana interés e intensidad en la Covid-19, una vez identificado el potencial de contagio de pacientes asintomáticos, el potencial infectivo del agente causal y las incertidumbres sobre el período de transmisividad.

Las fiestas, los acercamientos afectivos, los juegos, las conductas gregarias son rasgos identitarios que debemos enfrentar para evitar actitudes irresponsables, pero esto es solo parte del análisis.

Conociendo las amenazas, vulnerabilidades, características e impulsores de riesgos, es necesario establecer medidas acertadas, barreras efectivas en el momento necesario, lo que pasa por un proceso de toma de decisiones difícil, que compromete a corto y largo plazo el bienestar humano.

DrC. Fernando Guasch: Son muchas las lecciones aprendidas, habrá que perfeccionar muchos protocolos de actuación y sobre todo profundizar en los Estudios de Peligro, Vulnerabilidad y Riesgo de origen sanitario en el país, pero lo que ha quedado demostrado es que gracias a la Capacidad Instalada desde los años 90 en Cuba, donde destacan el desarrollo de la biotecnología, la nanotecnología y la ingeniería hospitalaria; no hemos tenido una total dependencia externa para el manejo del riesgo de la Epidemia y que lo hecho hasta hoy por el Estado y su Sistema de Medidas de la Defensa Civil, ha mostrado frutos a favor de la respuesta a la Covid-19.

Las anomalías detectadas en el enfrentamiento a la pandemia en el país, demuestran el costo de las violaciones e incumplimiento en el sistema de barreras, el descontrol efectivo de las medidas de prevención y el incumplimiento de la preparación y vigilancia continua. Los rebrotes hoy, lo consideramos como un fenómeno mixto o socio natural, frutos de la indisciplina social.

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