Unas palabras sobre el jineterismo cultural

Santiago de Cuba, 28 de nov.- En julio del 2004, tuve la oportunidad de vivir una experiencia de dos caras: una atractiva, la otra francamente desastrosa. Participar, aquí en Santiago de Cuba, en un evento sobre periodismo, comunicación e identidad cuyos organizadores se empeñaban en ponerle el cartelito de internacional. Y sí, estábamos nosotros, en su mayoría comunicadores del Oriente del país y los extranjeros citados en nuestras ponencias.

Me pareció una muestra de la mentalidad colonizada, esa que atribuye a lo ajeno una calidad superior por el mero hecho de ser foráneo. Cuando esa devoción exagerada por lo extranjero se ejercita con ánimo de obtener provecho personal la denominamos jineterismo cultural, postura que oponemos a la vocación altruista del cubano, a su internacionalismo, actitud que denominamos solidaridad empedernida. 15 años después del evento subsisten manifestaciones de esa actitud extranjerizante.

El jineterismo cultural consiste en darle un valor excesivo a personas y cosas por el simple hecho de ser extranjeros – en lo fundamental de países desarrollados- y constituye, en el mejor de los casos, una muestra de ingenuidad pues no concuerda con la admiración que los mismos extranjeros expresan por nuestra gente, por los resultados que el país ha conseguido. Es un fenómeno que trasciende el simple complejo de inferioridad.

Lamentablemente el jineterismo cultural existe; nada ganamos con ignorarlo. Pueden enumerarse factores que explican la adopción de esta postura nociva, pero no alcanzan para justificar la posición de los jineteros culturales, mucho menos si actúan en el medio intelectual porque se supone que en ese ámbito están las personas más preparadas para relacionarse adecuadamente con los extranjeros. Sin embargo, precisamente es en ese espacio donde las expresiones de jineterismo cultural son más evidentes.

Hay situaciones del mundo intelectual difíciles de comprender. Cuesta trabajo aceptar que en una sociedad como la nuestra, en un sector donde abundan las personas inteligentes, capaces de alcanzar resultados socialmente relevantes, algunas de esas personas se deslumbren ante lo ajeno. Una concepción opuesta al jineterismo cultural es el chovinismo o exacerbación o inflación de los valores propios reales o supuestos. Pero, al chovinismo y al jinetrismo cultural los conecta su capacidad para la justificación y la apología, actitudes ajenas a la idiosincrasia de nuestro pueblo trabajador.

Hay gentes dispuestas a vender su cuerpo. Probablemente tendremos que trabajar más duro, animados por la esperanza de que sean cada vez menos quienes vendan también su alma. Crear la conciencia colectiva de la existencia del jineterismo cultural y de sus peligros, es un paso necesario para desarrollar la voluntad de combatirlo. Quizás debamos comenzar por ahí. Y en este empeño dialogar con claridad sobre el asunto es tarea que nos compete a todos, que nos incluye, creo, a usted y a mí.

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