Vivir sin violencias de género es un derecho

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Santiago de Cuba, 26 de nov.-  El silencio ante la violencia hacia las mujeres y las niñas por razones de género nunca debe ser una opción, oportuna ocasión para reiterarlo es esta, cuando se avecina una jornada contra ese flagelo entre el 25 de noviembre y el 10 de diciembre, Día Mundial de los Derechos Humanos.

  Como todavía falta mucho por acometer para cambiar imaginarios tradicionales que legitiman la violencia hacia ese grupo de la sociedad en Cuba, esos días servirán para estimular las buenas prácticas que movilizan el pensamiento y la acción por una causa tan justa y noble.

La lucha por eliminarla no debe circunscribirse a un período de tiempo, pues todos los instantes y espacios son útiles para una convocatoria que articula a varias organizaciones, instituciones y activistas y aboga por desmontar mitos y normas tradicionales que enmarcan las relaciones humanas y las concepciones sobre lo femenino y lo masculino.

 En el interés por visibilizar esas  expresiones y llamar la atención para ponerles fin es importante el desempeño de las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia que tienen la responsabilidad de acompañar a personas que viven situaciones de violencia de género, asesorarlas y ayudarlas a que transformen esas realidades y de los profesionales de la prensa que contribuyen a colocar en la agenda pública este problema.

 Existen herramientas  para asumir ese encargo, por ejemplo, la doctora en Ciencias de la Comunicación, periodista, profesora y feminista cubana, ya fallecida, Isabel Moya Richard, en su texto Letra con género hace importantes recomendaciones para la elaboraciónde productos comunicativos que permitan problematizar en la sociedad cubana los ámbitos de la violencia hacia las mujeres y las niñas por motivos de género.

Pone al descubierto una serie de mitos, medias verdades, estereotipos, manipulaciones y ocultamientos que han sido socializados durante siglos para legitimar el dominio masculino, el poder patriarcal y el uso de la violencia como forma de ejercer y mantener el control sobre lo femenino, tanto a nivel individual como colectivo.

  Algunos de estos referidos el agresor son: “perdió el control estaba borracho”,  “tuvo que hacer su papel de hombre”, “le dio un arrebato, era un buen marido”, mientras que sobre la persona agredida se alega: “vestía de manera provocadora” o “no lo deja porque a ella le gusta aguantar”, entre otros.

  También con respecto al acto de violencia hace hincapié en algunos mitos en el imaginario popular que lo justifican: “eso solo ocurre entre personas incultas”, “ella se lo buscó”, “no es un problema social”, “entre marido y mujer nadie se debe meter” o “si me deja la mato”.

 Para entender este fenómeno es preciso tener claridad de quela violencia machista es provocada por las desiguales relaciones de poder entre lo considerado masculino y femenino, que generan prácticas de dominación.

  En este asunto se impone, como señalara hace 70 años la feminista cubano-dominicana Camila Henríquez Ureña, ”… derribar barreras, franquear obstáculos, demoler para que se construya luego, en todos los aspectos, la vida de relación entre los seres humanos”.

 La doctora Clotilde Proveyer, investigadora, profesora de la Universidad de La Habana y una de las especialistas más reconocidas en el país sobre el tema, afirma que, a pesar de las transformaciones  sociales ocurridas en la sociedad cubana, aún se manifiesta la violencia de género,con todas las implicaciones que para mujeres y hombres ello entraña.

  Señala que, sin embargo,  muchas de sus formas no se evidencian, ya que son propias de otras culturas, o han sido eliminadas o atenuadas, en virtud de los avances en la situación de las mujeres y la aplicación de políticas sociales luego del primero de enero de 1959.

 En su ensayo La violencia de género y sus manifestaciones en Cuba, Proveyerexplica: ”De manera presumible, aun cuando aquí se mantienen presentes muchas de las formas de violencia contra la mujer, la magnitud de este problema es proporcionalmente menor  que en otras regiones y países”.

  Entre los resultados de sus investigaciones la experta  enumera la vinculación de los delitos de lesiones, homicidios y asesinatos a la problemática de género;  victimización femenina producida en esencia en la relación de pareja y en el ámbito doméstico; antecedentes de violencia  en las familias de origen de los maltratadores, y no existencia de un perfil  especial que identifique  a las mujeres maltratadas ni a los maltratadores.

 También incluye la presencia de violencia independientemente de origen, la clase, la raza o el nivel de escolaridad o profesión;  dependencia material como factor de perpetuación del maltrato, y poca búsqueda de ayuda por las víctimas debido al desconocimiento, el temor, la vergüenza y a la pervivencia de mitos y estereotipos sobre la violencia de la que son objeto como la autoinculpación.

 Alerta que no es posible eliminar la  violencia contra las mujeres si antes no desmontamos en la cotidianidad de las relaciones de género los valores patriarcales que forman parte de la cultura y que incorporadas al imaginario colectivo mantienen y reproducen la violencia sexista.

  Y la violencia hacia las mujeres no solo lesiona el cuerpo, también devora el alma, pues puede expresarse de diversas maneras como física, sexual, psicológica, económica,  institucional estructural y simbólica, que es una de las más sutiles al tratar de invisibilizar las voces y los problemas.

  Es necesario desmontarlos viejos mitos, relacionar la violencia de género con las inequidades y las manifestaciones de cultura patriarcal que se reproducen en la sociedad cubana  y evitar el uso de posiciones moralistas o prejuiciadas en las valoraciones, así como mostrar historias de vida, no solo para la descripción del maltrato, sino para destacar testimonios de cómo sobrevivir a este fenómeno.

   Hay que abordar la cultura de paz con formas de relación no violentas en la resolución de los conflictos, para fundar una nueva cultura, la de la equidad. Por esos caminos se transita, pero todo indica que hay que andar con pasos más firmes y mayor celeridad.

  De ello está consciente y no se cruza de brazos, Sunilda Montes de Oca Tito,  quien lidera  en el municipio de Santiago de Cuba la Federación de Mujeres Cubanas, una organización que desde su creación ha conquistado justicia social, derechos y oportunidades para su membresía y cada día enfrenta desafíos en pos de la no discriminación por razones de sexo e inclinación sexual.

Por: Aída Quintero Dip

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