Yadia, la estomatóloga de las manos bendecidas

Ella tenía el interés de resolver el dolor de muela que la mantuvo varios días en jaque. Pero todo se complicó de repente.

Las medidas adoptadas por el Gobierno Cubano debido al incremento de los casos positivos con el Coronavirus SARS CoV2 hizo que interrumpiera el tratamiento iniciado en el Módulo Estomatológico ubicado en la Escuela 70 Miguel Angel Oramas, en la Avenida René Ramos Latourt de la ciudad de Santiago de Cuba. Este fue uno de los centros que recesó sus servicios cuando se orientó el aislamiento social.

“Ante algún problema estomatológico de urgencia, los pacientes deben acudir a la Clínica José Luís Tassende, allí están las condiciones para garantizar el servicio”, fue la orientación recibida de Georgina, la Doctora que la atendía hasta que se detuvieron los servicios en ese lugar.

Pasaron los días y el dolor de muela estaba ahí. Así fue como todo quedó listo para que la periodista viera en la Odontóloga Yadia Grass Martínez, a la protagonista de esta historia de vida que narra un momento inolvidable en este tiempo de enfrentamiento a la pandemia del nuevo Coronavirus.

El uso correcto de los medios de protección de Yadia, solo permitió ver sus ojos y escuchar la voz suave para preguntar dónde estaba el dolor. Su accionar fue inmediato. No hubo dudas en la labor a realizar para eliminar o aliviar el dolor.

Imagino que así fue el procedimiento con cada uno de los pacientes que llegaba a la Clínica Dental “José Luis Tasende» ese día en que le correspondió su turno a Yadia, la Doctora que con desenfado recibía a quienes reclamaban sus servicios para dejar atras el mal momento que causa un dolor de muela.

Manos suaves y delicadas tiene la especialista. “No poseemos anestecia para sacar muela pero hacemos lo poisible para eliminar el dolor”, fueron sus palabras y luego de varios minutos lo prometido se hizo realidad.

Solo después del mal momento, uno se da cuenta el por qué la estomatóloga siente confianza para hacer su trabajo. El próximo paciente ocupó una silla desinfectada con el agua clorada, en una higiene que contrastaba con todo el local, gracias a la labor de la auxiliar que compartía con esta especialista, su turno de trabajo.

“La labor que nos corresponde es difícil pero si tenemos en cuenta lo que debemos hacer en tiempo de epidemia, no hay posibilidad del contagio. Puede resultar algo incómoda la careta, pero es un medio de protección imprescindible”

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